Ha llegado el momento de templar los ánimos y poner las cosas en su punto
Por: Ángel Gutiérrez Sanz | Fuente: Catholic.Net

En el marco de un escenario que tiene como telón de fondo el islamismo, hemos podido asistir recientemente a un “rifirraf entre dos posturas contrapuestas que tienen divida a la ciudadanía.
Para quien no lo sepa, el P. Custodio Ballester, vinculado a la parroquia catalana de San Sebastián de Badalona, se ha visto envuelto en un lamentable affaire al ser denunciado por la fiscalía por expresar su opinión, según la cual el islamismo radical trata de destruir la civilización cristiana y arrasar con todo Occidente. Ello bastó para que fuera colocado en la cuerda floja, pidiéndose para él tres años de prisión, lo que dio origen a que el cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, le apartara de sus funciones pastorales durante un tiempo, concediéndole lo que se conoce con el nombre de año sabático, aún así, cabe decir que en todo momento se sintió arropado y apoyado por muchos parroquianos que no entendían porqué en nombre de la libertad de expresión se toleran, no digo ya las críticas exacerbadas al catolicismo, sino también todo tipo de mofas, insultos y vejaciones, en cambio a este sacerdote no se le reconocía el derecho a decir fundadamente lo que piensa. Ahí está, para quien quiera verlo, el informe del Gobierno Francés que puso en su día bien de manifiesto, que los Hermanos Musulmanes trataban de infiltrarse en los diversos estamentos sociales, con el fin de instaurar la ley del ‘sharia’ para islamizar la sociedad.
Ante un caso tan fragrante de discriminación jurídica y esto es lo más triste y preocupante del caso, ninguna institución salió en defensa del presbítero acusado, ni siquiera la CEE que se limitó a decir que eran los jueces los encargados de dirimir el caso. Quienes sí salieron en su defensa fueron, los integrantes del grupo de “Abogados Cristianos”, que dirigiéndose a Miguel Ángel Aguilar, fiscal de Delitos de Odio, le pidieron que retirara la acusación contra el P. Custodio, conscientes de que ello podía sentar un fatal precedente.
Los lectores curiosos se preguntarán ¿por qué la CEE no quiso tomar cartas en el asunto? Pues la respuesta a esta pregunta nos la da a entender el propio monseñor Juan José Omella, en su carta dominical titulada: “El necesario diálogo con el islam”. Por supuesto que el dialogar nunca es malo, siempre y cuando se tenga en cuenta que hay cuestiones dogmáticas innegociables, sobre las que no cabe diálogo posible y lo único que procede es mantenerse firmes en la fe y en ningún caso tratar de blanquear religiones que son incompatibles con el cristianismo y que constituyen una amenaza para la civilización cristiana. Dialogar con el Islán sí, sobre todo para hacerle ver que en materia de tolerancia y libertad religiosa debe existir reciprocidad, pues como bien dice el cardenal J. Luis Argüello presidente de los obispos españole: “El bien común en el mundo global pide exigir reciprocidad a los Estados de confesión islámica que persiguen o ponen trabas a los cristianos. Hoy los cristianos de las diversas Iglesias son los creyentes más perseguidos del mundo. Qué bueno sería que nuestros amigos musulmanes españoles o que viven entre nosotros reivindiquen la libertad allí que para ellos defendemos aquí". En parecidos términos viene expresándose también el arzobispo de Oviedo Mons. Jesús Sanz Montes
Hemos llegado a tal extremo que se hace necesario comenzar a poner las cartas boca arriba. Por lógica, nuestro compromiso debiera comenzar por defender los derechos que son inherentes al cristianismo y no el de otras religiones que ya tienen quienes les defiendan, pero lo que hacen algunos cristianos es todo lo contrario. La sobrada ayuda y tolerancia que en los países de tradición cristiana se dispensa a los musulmanes, es la que está haciendo falta en algunos países islámicos, donde se persigue y asesina a los cristianos con toda impunidad, pero todo esto se silencia y nadie habla de ello, porque estamos bajo el control de una inquisición laicista, que nos tiene atemorizados, hasta el punto que nadie se atreve a oponerse al discurso dominante hoy en el mundo, ya que si lo hace, le van a triturar. Los curas son humanos y hasta ellos mismos, también tienen miedo, “hay que ser prudentes” dicen. Algún clérigo se ha atrevido a revelar que: “En el seminario se nos educa en el fondo, para no tener líos”. No hacen falta comentarios. Estas palabras explican muchas cosas de las que están pasando.
Volviendo al asunto del padre Custodio, podemos decir con satisfacción que el juicio ya se ha celebrado y ha salido absuelto de las imputaciones que se la hacían, quedando claro que no fue el odio el que le impulsó a expresarse como lo hizo, sino su amor por la verdad. Lo que sucede es que como bien dice Monseñor Argüello: “Hay quienes son groseros con el cristianismo y llaman odio a todo, pero son suaves con el Islam. Dando a entender que para el laicismo dominante hoy día, unas serán expresiones de legítima libertad y otras serán expresiones de odio, según quien las diga. Hoy en España da la impresión que todo discurso en contra del gobierno o el Islam es catalogado como delito de odio, en cambio las blasfemias y las irreverencias contra el cristianismo están consideradas como libertad de expresión.
Hay que agradecer, sin duda que alguien como el P. Custodio haya tenido la entereza de jugársela, la valentía suficiente para enfrentarse al discurso dominante. Su actitud ha calado hondo sobre todo en Francia y Estados Unidos, donde comienzan a considerarle casi como un héroe o por lo menos como un ejemplo a seguir en este momento turbulento de la historia, en el que la libertad de expresión está amenazada por el pensamiento dominante. Si callamos, nuestro silencio nos convertirá en cómplices de lo que previsiblemente puede suceder, si es que no está sucediendo ya.
El peligro de la islamización de Europa es real y solo beneficia a quienes por todos los medios tratan de debilitar al cristianismo para garantizar el éxito al proyecto ya en marcha de la globalización mundial refractario a toda verdad absoluta, que permita decir que todas las religiones son iguales. Si llegamos al punto de afirmar que todas las religiones son igualmente válidas, lo que estamos diciendo en realidad es que ninguna de ellas lo es , porque las diferencias que las separan son insalvables. Es por esto, por lo que el cristianismo desde sus orígenes postula la existencia de una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre (Efesios, 4; 5) Solo Jesucristo es el camino para llegar al Padre, solo Él es la Verdad , solo Él es la vida. Quienes nos regimos por el evangelio, estamos seguros de lo que decimos y no podemos tener miedo de ir contracorriente


















