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El tiempo de Dios
"Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo" (Ecl 3,1).


Por: Rafael Moya | Fuente: Cristo en la Ciudad



 

La ciudad nos enseña a correr:
correr tras el metro, tras los plazos, tras los sueños.
Pero Dios nos enseña a esperar.

Su tiempo no es el del reloj humano,
es el del corazón que sabe cuándo estamos listos para recibir.
Él no se retrasa, tampoco se adelanta:
llega justo cuando más lo necesitamos,
aunque no siempre cuando lo queremos.

La paciencia en Dios no es resignación,
es confianza activa.
Es seguir caminando aunque aún no veamos la respuesta,
sabiendo que en algún punto del camino aparecerá.

Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo” (Ecl 3,1).



Así, la prisa de la ciudad se convierte en un recordatorio:
el reloj de los hombres marca la hora,
pero el reloj de Dios marca la eternidad.

 







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