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León XIII querido y admirado por León XIV
La elección del nombre, por el que el nuevo Papa ha de ser conocido, se interpreta como un guiño a las directrices sociales del Papa de los trabajadores.


Por: Ángel Gutiérrez Sanz | Fuente: Catholic.net



La elección del nombre, por el que el nuevo Papa ha de ser conocido, se interpreta como un guiño a las directrices sociales del Papa de los trabajadores, autor de la encíclica “Rerum novarum”, considerada como la “Carta Magna” de la doctrina social de la iglesia. Algo así como una declaración de intenciones. Todo hace suponer que León XIV es un admirador de su predecesor, por lo que representa en la Historia de la Iglesia. El mismo, en reunión privada con los cardenales, aclaró que había elegido este nombre porque la Iglesia de nuestro tiempo está llamada a afrontar la revolución digital y de la Inteligencia Artificial, del mismo modo que León XIII afrontó la revolución Industrial del siglo XIX.

En su proyección social vamos a resaltar de forma telegráfica, como la ocasión requiere, algunos aspectos que consideramos más sobresalientes. Se enfrentó al modernismo, condenando tanto el liberalismo como el socialismo. Defendió el derecho a la propiedad privada, pero alejándose del capitalismo salvaje, abogó por un reparto de las riquezas más justo y solidario, poniéndose de parte de las justas reivindicaciones laborales, entre las que se encuentran el derecho a un trabajo digno, a un salario justo y a la libertad de movimientos para organizarse en sindicatos, todo esto es muy cierto y hay que tenerlo en cuenta, pero sin olvidar que león XIII es algo más que el Papa de los trabajadores, es también el Papa de la Familia Cristiana.

  1. su encíclica “Arcanum Divinae Sapientiae”, aparece la institución familiar como la más antigua y fundamental, con derechos y obligaciones propias, orientada al bien general de la sociedad y en manera alguna sujeta a las imposiciones caprichosas del Estado, por lo que debe ser protegida y reconocido su derecho a educar a los hijos en consonancia con los principios religiosos y morales. La familia es indisoluble, nos dice, al tiempo que nos advierte sobre los peligros del divorcio y de otras desviaciones que comprometen la verdadera identidad familiar. Ella debe ser vista como el fundamento de la sociedad, donde se aprende la sociabilidad, la virtud y el respeto a Dios y a los demás seres humanos, de modo que de una familia débil y desintegrada lo único que cabe esperar es una sociedad inestable y enferma.

Aparte de la innegable repercusión social que tuvo la encíclica “Rerum novarum”, de la que todo el mundo se está haciendo eco en estos días, hay que tomar en consideración la encíclica “Aeterni Patris”, en la que León XIII se nos muestra como un restaurador. de la filosofía cristina, en consonancia con el pensamiento de Sto. Tomás de Aquino. Con este fin se publicó una edición crítica de las obras completas del Aquinatense y se fundaron diversos centros de capital importancia, como la Academia de Sto. Tomás de Aquino, cátedras de filosofía tomista en el Colegio Romano de los jesuitas, en el colegio Propaganda Fide y en la Gregoriana, todo ello en Roma y en Lovaina se creó el Instituto Superior de Filosofía; alma del mismo habría de ser el Cardenal Mercier.

  1. novis augere et perficere" (Aumentar y perfeccionar lo antiguo con lo nuevo) sería el lema del pontificado de León XIII y bien podíamos decir que es lo que mejor define su pontificado, por lo que con toda justicia ha pasado a la historia como el restaurador de la filosofía y teología cristianas, que tantos y tan sabrosos frutos produjo, por lo que nada impide que éste pudiera ser también el lema de Robert Francis Prevost.??A partir del pontificado de León XIII la filosofía cristiana, en su versión neotomista, adquiere un esplendor y auge jamás conocido. En la intención del Papa estaba la idea de consolidar y robustecer este gran patrimonio teológico, que habría de ser fecundado y enriquecido con las aportaciones positivas de las corrientes actuales de pensamiento. Es el periodo conocido en la Historia de la Filosofía como el Resurgimiento de la Escolástica, que se extiende por los diversos centros y universidades europeas, con sus prestigiosos representantes. En Francia, la escuela dominicana de Garrigou -Lagrange y de Sertilange, Étienne Gilson y Jacques Maritain, que merece mención aparte. En Bélgica, Raimaeker y F.van Ateenberghen. En Italia, A. Gemelli y el nutrido grupo de profesores de la Universidad del “Angelicum”. En Polonia, Bochenski . En Alemania Manser y Gred . En España la egregia escuela de Salamanca, con el P. Ramírez a la cabeza y así podíamos continuar. No es justo decir que la escolástica es una antigualla y condenarla por ende al ostracismo; habría que renovarla y adecuarla a los nuevos tiempos, eso sí, pero a mi modo de ver se ha hecho merecedora de una segunda oportunidad y quién sabe si esta segunda oportunidad pueda llegar de la mano del papa León XIV. ¿Qué es lo que ha sucedido? ¿Por qué nos hemos olvidado del lema fecundo y fecundizador de León XIII? “Vetera mova augere et perficere”.

Recientemente, bajo el título. “Introducción a la Escolástica” he tenido el honor de pronunciar una conferencia en el Ateneo de Madrid y he podido comprobar que, en un centro como éste, caracterizado por el pensamiento libre, se profesa un enorme respeto por esta corriente filosófica, al tiempo que amplios sectores católicos la tienen descatalogada por obsoleta. Todo esto me parece muy extraño y merecería la pena que reflexionáramos sobre ello, pues, no solamente es un hecho que Jacques Maritain, un escolástico-tomista de toda la vida, desde los tiempos de su conversión al catolicismo, siga siendo un referente en el pensamiento actual, bien considerado en los círculos académicos y padre, junto a otros, de los derechos humanos, sino que también es cierto y significativo que, un filósofo progresista relevante como Gustavo Bueno, materialista y ateo él, se expresara en estos términos: “Hace unos años, hace todavía 10 o 12 años, los clérigos que venían a la universidad sabían latín, habían leído a santo Tomás o a Suárez y se podía discutir con ellos. Y ahora… no saben nada, ahora no saben absolutamente nada y entonces ni siquiera se les puede atacar. Son tan abiertos, es un humanismo tan vago, tan indeterminado, que realmente no hay posibilidad de hablar con ellos. Y en ese sentido, me parece que la escolástica ha perdido su rigor, que está sin duda recluida en algunos núcleos, pero que hablan para sí, que no tienen auditorio, pero yo creo que es una tradición como la música gregoriana, que debería cultivarse, el que sea aficionado a ello, porque es una tradición importante, porque es un eslabón cultural sin el cual no se puede entender evidentemente toda la cultura posterior. La filosofía escolástica yo creo que es un eslabón indispensable para entender el ulterior desarrollo del pensamiento».

Mucho me temo que los mismos católicos hayamos sido víctimas de no pocos prejuicios, al no haber sido capaces de distinguir el grano de la paja. Hasta he llegado a dudar, si tal vez los más reacios a la Escolástica, se hayan tomado la molestia de leer algunos de sus textos y saber de qué va la cosa.









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