Menu


Eugénie Grandet: cuando lo único que se tiene es dinero
Hay quienes tienen tan poco que lo único que poseen es dinero.


Por: Llucià Pou Sabaté | Fuente: Catholic.net



Hay quienes tienen tan poco que lo único que poseen es dinero. Esta frase, que suele escucharse como crítica al materialismo, encuentra su forma más trágica y literaria en Eugénie Grandet, una de las novelas más intensas de Honoré de Balzac. El viejo Grandet no es simplemente un avaro. Es un hombre que ha reducido su mundo a la contabilidad. Su casa, húmeda y sombría, es un reflejo exacto de su alma: cerrada, temerosa, obsesiva. Vive entre cajas fuertes y habitaciones apagadas. Su única pasión es contar su dinero, protegerlo, multiplicarlo... y al mismo tiempo desconfiar de todos, incluso de su propia hija. Vive mucho, pero no vive.

En cambio, el tío del joven Charles —el primo de Eugénie— representa otra cara del drama: la del hombre que lo pierde todo y no encuentra sentido fuera del capital. Arruinado, humillado, sin redes de afecto ni espacio para el consuelo, opta por la salida más desesperada: el suicidio. Balzac no lo dice de forma moralista, sino con una frialdad que estremece. Como si supiera que hay dolores que no encuentran palabra ni alivio si no hay amor. Curiosamente, Balzac —que soñó con ser millonario, con vivir rodeado de lujos y reconocimiento— escribió esta novela como si advirtiera, desde dentro, que el dinero sin alma es un fardo inútil, y que la riqueza sin vínculo termina pesando como una cadena.

En clave contemporánea, podríamos leer Eugénie Grandet como un estudio anticipado sobre los estados depresivos ligados a la soledad, la avaricia, la rigidez familiar y la ausencia de sentido. Hay silencios pesados en sus páginas, duelos sin nombre, renuncias no elaboradas. Eugénie misma es una víctima de esa cultura que valora más una dote que un gesto de ternura. Hereda una fortuna, pero también la tristeza estructural de una vida emocional amputadaHoy, cuando la salud mental está por fin en el centro de nuestras preocupaciones, vale la pena recuperar novelas como esta. Nos recuerdan que la depresión no siempre grita: a veces se sienta a la mesa en silencio, mientras se cuentan monedas.







Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |