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La dignidad de la persona humana y la moral universal
En estas reflexiones explicaremos cómo la moral y los principios morales se derivan de la dignidad de la persona humana.


Por: . | Fuente: Vida Humana Internacional



1.- ¿Qué es la moral?
2.- ¿Qué es la persona humana?
3.- ¿Cómo se puede demostrar racionalmente la existencia del alma?
4.- ¿Cómo se puede demostrar racionalmente la unidad sustancial cuerpo-alma?
5.- ¿Qué es la dignidad ontológica de la persona humana?
6.- ¿Cuál es el argumento clásico a favor de la dignidad ontológica de la persona?
7.- ¿Cuál es el argumento personalista a favor de esa dignidad ontológica?
8.- ¿Cuál es la conexión entre dignidad ontológica y principios fundamentales?
Resumen


1.- ¿Qué es la moral?


La moral no es simplemente un conjunto de reglas para guiar nuestra conducta. Es eso, pero también es mucho más que eso. Lamentablemente mucha gente cree que la moral es una serie de impedimentos arbitrarios al disfrute de la vida, una serie de “noes” que Dios se inventó para fastidiarnos.

Nada más lejos de la verdad. La vida moral, para decirlo de forma bien sencilla, es la vida del amor: el amor a Dios y el amor al prójimo. Pero el amor no es algo sin forma, necesita un rostro bien definido. Los mandamientos y las virtudes configuran el rostro del amor, pues nos dicen qué constituye un amor auténtico y qué no.

¿Y qué es el amor? El amor es sencillamente desear y hacer (en la medida de lo posible) el bien al prójimo y a uno mismo. ¿Y qué es el bien? El bien es aquello que llena las verdaderas necesidades y aspiraciones de la persona y le da plenitud. ¿Y qué es la persona humana?.

Nos damos cuenta, entonces, que la pregunta sobre la moral nos remite a la pregunta sobre la persona. No hay visión auténtica de la moral sin visión auténtica de la persona. La moral se funda en la persona humana, más concretamente, en su dignidad. En términos de la razón y de la dignidad de la persona, la moral es el modo de ser (en el sentido de las actitudes interiores) y vivir que respeta y promueve la dignidad de la persona humana.

En el ámbito de la fe, la dignidad de la persona humana es el fundamento inmediato de la moral, y Dios, el Creador de la persona humana, es el fundamento último de la moral. “Último” aquí no significa el final de una serie de cosas, sino, lo más importante, el fundamento de los fundamentos. Lamoral, en sentido cristiano, se define como el modo de ser y vivir que conduce a la persona humana a Dios, su último fin.

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VIDA MORAL
DIGNIDAD HUMANA
DIOS

Nuestra reflexión sobre la moral la llevaremos a cabo simultáneamente en dos planos que se complementan: el plano de la fe, y el plano de la razón y de la experiencia humana. Para el creyente, el plano de la fe incluye al de la DIOS razón y al de la experiencia humana. Para el no creyente, el reflexionar por medio de ambos le mostrará la correspondencia entre ellos.


2.- ¿Qué es la persona humana?


En la actualidad persiste una visión reductiva de la persona humana. Se la reduce a su corporeidad (visión materialista), a un objeto de placer o consumo (visión hedonista), a una mera pieza social o laboral (visión sociologista o economicista), a un animal sofisticado (visión cientista o mecanicista) o, incluso, se va al otro extremo, exagerando su dimensión espiritual, hasta el punto de restarle importancia moral a su corporeidad
(visión espiritualista o de “New Age”).

La persona humana es un ser corpóreo y espiritual al mismo tiempo. Es un cuerpo espiritualizado o un espíritu encarnado. El ser humano es una unidad sustancial (no accidental) de alma espiritual y cuerpo material, cuya alma posee una capacidad inherente para pensar y tomar decisiones libres.

Hemos dicho “unidad sustancial (no accidental)”, porque de la unión entre el alma y el cuerpo resulta un solo ser: el ser humano, la persona humana. El cuerpo es parte intrínseca de la persona y no un mero accidente suyo; no es una vestimenta que me pongo y luego me quito. Yo no tengo un cuerpo, yo soy mi cuerpo. Sin el cuerpo, no tenemos persona humana, sino sólo un alma humana; sin el alma sólo tenemos un cadáver. Los cristianos creemos en la resurrección del cuerpo, tan importante lo consideramos. El alma humana reclama el cuerpo que le corresponde y el cuerpo está ordenado a su alma. Esta verdad tiene, como veremos, implicaciones importantísimas de índole moral.

Hemos dicho “capacidad inherente para pensar y tomar decisiones libres”, porque a veces esa capacidad no está funcionando (no está en acto), sin embargo la misma es intrínseca al ser humano (está en potencia). Es decir, no se puede negar que el ser que la posee sea un ser humano, una persona por el hecho de que su racionalidad y libertad estén solamente en potencia y no en acto. Por ejemplo, un niño no nacido o muy pequeño todavía no es capaz de poner en función esa capacidad, sin embargo, no por ello deja de ser un miembro de la especie humana. Lo mismo se debe decir de una persona incapacitada mentalmente, ya sea por enfermedad o por edad, o incluso una persona mentalmente capaz cuando está durmiendo. Esas personas siguen siendo seres humanos, porque pertenecen a la especie humana al poseer los mismos cromosomas, etc., que distinguen claramente a los seres humanos del resto de las especies de seres vivos. Es importante darse cuenta de que por ser persona el ser humano es capaz de pensar y tomar decisiones libres y no al revés. En otras palabras, no se es persona porque se tenga la capacidad de razonar y ejercer la libertad, sino porque ya se es persona es que se tiene esa capacidad. Por último, no existe otra modalidad de existencia para el ser humano que no sea la de ser persona. Es totalmente absurdo afirmar que hay seres humanos o miembros de la especie humana que no son personas.


3.- ¿Cómo se puede demostrar racionalmente la existencia del alma?


La existencia del alma humana inmortal se demuestra racionalmente por la capacidad del intelecto humano de concebir ideas universales que rebasan las limitaciones del tiempo y del espacio. Las ideas del amor perfecto, la justicia perfecta, los mismos conceptos geométricos del círculo, la línea y el punto, por ejemplo, no existen en el mundo material. Sin embargo, el ser humano es capaz de concebir estos conceptos. Ello es sólo explicable por el hecho de que existe una entidad espiritual que, actuando por medio de nuestro cerebro, produce estas ideas. Es imposible que algo puramente material produzca conceptos inmateriales.
Ahora bien, siendo el alma una sustancia espiritual, no está sujeta al deterioro a través del tiempo, como ocurre con las cosas materiales,
ni tampoco, al menos no de forma absoluta, a las limita- ciones de los demás cuerpos materiales. Por consiguiente, nuestra alma caracteriza por ser espiritual, inmortal, capaz de razonar y libre.


4.- ¿Cómo se puede demostrar racionalmente la unidad sustancial cuerpo-alma?

Hoy en día se habla mucho de la importancia de tener una visión “holística” (= completa) de la persona humana, sobre todo en el campo de la salud. Ello se refiere a que la medicina, la psicología, etc., deben tratar a los pacientes en su totalidad: la parte corporal, la parte psicológica y la parte espiritual.
De manera que el siguiente ejemplo que daremos para ilustrar nuestra demostración no debe resultar difícil de entender y apreciar por parte de la sociedad actual. Pensemos en un violinista profesional que está ejecutando una difícil pieza musical. Para que esa actividad tenga éxito, el cerebro, las emociones, las manos y los dedos de ese músico tienen que estar plenamente sincronizados. Las órdenes que el cerebro les da a los dedos, por ejemplo, tienen que ser emitidas y obedecidas de forma casi instantánea. Toda esa unidad de operación (es decir, de esa actividad) indica que en el origen de la misma hay una unidad entre las distintas dimensiones de la persona: el cerebro, el sistema nervioso, la sensibilidad, el cuerpo, etc. No tendría sentido suponer lo contrario. Por consiguiente, podemos concluir que de la unidad de operación se puede deducir que hay una unidad en el ser de la persona humana: la unidad cuerpo-alma.

5.- ¿Qué es la dignidad ontológica de la persona humana?

La dignidad ontológica de la persona humana es su valor intrínseco y absoluto. “Intrínseco” significa que la persona humana posee este valor por el mero hecho de ser persona, es decir, en su propio ser (es lo que quiere decir ontológica) y no por cualquier otro aspecto: la raza, la religión o falta de ella, el partido político al que pertenece, la edad, si ha nacido o no todavía, la salud o falta de ella, cuánto dinero tiene en el banco o si no tiene nada, etc.

“Absoluta” significa que la dignidad ontológica es inconmensurable. No se puede cuantificar con unidades de medida. Sería ridículo decir que tales personas valen más que otras, porque tienen tantas unidades más de dignidad que estas otras. La dignidad ontológica nunca se pierde, es infinita.

La dignidad ontológica no debe ser confundida con la dignidad moral. La dignidad moral es otra cosa, ésa sí tiene que ser adquirida a base del ejercicio de las virtudes. No es lo mismo la dignidad moral de la Madre Teresa (que tenía de sobra) que la de Adolfo Hitler (que no tenía ninguna).


6.- ¿Cuál es el argumento clásico a favor de la dignidad ontológica de la persona?
Hemos hablado sobre la concepción clásica de la persona humana como unidad de cuerpo y alma. Concluimos que la persona humana posee un alma inmortal a la que está esencialmente unida nuestra corporeidad. Pues bien, si ello es así, entonces toda la persona humana goza de un valor o dignidad intrínseca e infinita. El cuerpo humano, por ser parte intrínseca de la persona, participa de alguna manera de ese valor que el ser humano posee. De ahí que el cuerpo humano tenga una importancia moral, como se verá más adelante.
Este argumento clásico es el más sólido de todos. Sin embargo, creemos que el próximo argumento, el personalista, apela más a la mentalidad contemporánea. A pesar de que no es un argumento en el sentido estricto del término, sí sugiere con fuerza la existencia objetiva de la dignidad ontológica de la persona humana.


7.- ¿Cuál es el argumento personalista a favor de esa dignidad ontológica?


El pensamiento moderno personalista ha enfatizado, y con razón, la relacionalidad de la persona humana. La persona humana es un ser en relación, o como diría Santo Tomás de Aquino: “Persona est relatio”, “la persona es relación”.
A nivel de la fe ello no es difícil de constatar. La primera página de la Biblia nos dice que Dios creó al hombre y a la mujer a imagen y semejanza suya (Génesis 1:27). Ahora bien, el Dios de la Biblia es un Ser Personal, de hecho es una sola sustancia divina en tres personas divinas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Hemos sido creados, nos dice la Escritura, a imagen, no de un Dios solitario, sino de un Dios que es comunidad de personas. La Biblia también nos dice que “Dios es Amor” (1 Juan 4:8, 16). Y el amor no se entiende sin la relacionalidad. La relacionalidad, pues, nos dice la revelación bíblica, caracteriza a nuestro ser-persona de manera esencial.
A nivel de la razón y de la experiencia humana, el carácter relacional de la persona humana es un dato ineludible de nuestra existencia. El “yo” se abre y se reafirma delante del “tú”, necesita de la alteridad como los pulmones del aire. Ello comienza a darse generalmente en la familia, donde los padres ayudan a desarrollar esa identidad de persona-en-relación que todos poseemos. Sin embargo, ya a nivel biológico, esa capacidad relacional se comienza a dar de una manera muy básica al comienzo mismo de la vida humana. A los 6 ó 7 días de concebido, el embrión humano está por implantarse en el útero de su madre, entonces su diminuto cuerpo envía señales bioquímicas al cerebro de ésta instruyéndole que prepare el endometrio (la capa que cubre el útero) para su anidación. Es como si el embrión dijera: “¡Mamita, aquí vengo, recíbeme!” Y el cuerpo de ella respondiera: “Ven, hijo mío, que ya me estoy preparando para acogerte”.

Hay que añadir que esa apertura al otro, que es intrínseca a la persona humana en todo su ser, es una apertura al otro y al Otro (Dios). La persona humana se convierte en un ser incomprensible, incluso para sí misma, si se niega su apertura a lo trascendente, al Absoluto, a Dios.

En la intimidad de nuestra relación con nosotros mismos experimentamos un profundo e inexorable deseo de ser tratados como un “alguien” y no como un “algo”. Todo nuestro ser se rebela ante la posibilidad de ser instrumentados por otros. El filosófo alemán Inmanuel Kant tenía razón cuando dijo: “Nunca trates a los demás como meros medios, sino como fines en ellos mismos”. La propia psicología carecería de sentido si este “grito” de nuestra naturaleza fuese desechado como algo irrelevante. La autoestima o sentido de nuestra propia dignidad carecería, valga la redundancia, de sentido. Cuando no gozamos de ella, necesariamente nos enfermamos emocionalmente. (Obsérvese que una cosa es la autoestima, que es el sentido de nuestra dignidad o valor como personas, y otra es la dignidad misma que todos, la sintamos o no, poseemos.)

Pues bien, este dinamismo interior de autodefensa del “yo”, que busca ser tratado como sujeto y no como objeto, apunta hacia la existencia de nuestra dignidad o valor como persona e incluso, de la dignidad de las demás personas. De otro modo sería imposible explicar cuál es la base que hace surgir ese dinamismo interior.
Es por ello que no sólo nos enojamos cuando nos utilizan como cosas, sino que también nos escandalizamos ante la explotación de los débiles o de los obreros en manos de los poderosos, o de las mujeres o de los niños por medio de la pornografía, etc. La persona desea, desde lo más profundo de su ser, ser tratada como persona, como un fin en sí misma, es decir, como un bien en sí misma, como un valor intrínseco y absoluto, como un ser que posee una dignidad ontológica.

8.- ¿Cuál es la conexión entre dignidad ontológica y principios fundamentales?

(1) Dignidad ontológica: La persona humana es una unidad de cuerpo y alma. Pero al mismo y debido a ello es una unidad de muchas dimensiones diferentes y complementarias entre sí: intelecto, voluntad, capacitad de relación, corporeidad, sexualidad, etc. Por estar todas unidas a la persona, cada una de esas dimensiones participa de alguna manera del valor intrínseco y absoluto (dignidad ontológica) que el ser humano posee. Por consiguiente, esas dimensiones constituyen bienes o valores humanos. Esos valores humanos existen realmente, son objetivos y no relativos, porque corresponden a dimensiones o aspectos reales de la persona humana y obtienen su valor particular de la dignidad ontológica de la persona humana. Esa dignidad es, a su vez, un valor objetivo, incluso, podemos decir, es el valor objetivo y fundamental que la persona humana es.

(2) Valores humanos. También se puede decir que a esos valores humanos corresponden los derechos y deberes humanos fundamentales. Por ejemplo, al valor de la vida humana corresponde el derecho a la vida y el correspondiente deber de protegerla. (De hecho, el derecho a la vida es el primer derecho, en cuanto al orden de prioridades, que debe ser defendido, porque es la base y condición de todos los demás derechos.) Vemos así cómo los derechos y deberes humanos fundamentales se derivan de la dignidad de la persona humana y encuentran su fundamento en ella.


(3)Valores También podemos afirmar que esos valores humanos, precisamente por ser valores, deben ser respetados y promovidos. Los principios y normas morales expresan de manera concreta la manera de respetar y promover esos valores y los derechos que les corresponden. Por ejemplo, la norma moral que prohíbe matar directamente al inocente (asesinato) protege y promueve el valor de la integridad física de la persona y el derecho a la vida. La norma moral que ordena respetar la libertad (correctamente entendida) protege y promueve el valor de la capacidad inherente del alma humana de tomar decisiones libres, de relacionarse con los demás, etc., y el derecho a ser libre. Los principios morales fundamentales y algunos otros derivados de éstos también son objetivos y universales y no relativos, precisamente porque expresan y defienden valores y derechos humanos que también son objetivos y universales (los poseen todos los seres humanos, al menos de manera inherente).

Algunos de estos principios, incluso, son absolutos, es decir, no admiten excepción en ningún caso. Ejemplo de ello es la norma que prohíbe matar directamente al inocente. Vemos así como los principios morales también se fundan en la dignidad humana y la respetan y promueven.


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Ahora bien, como estos principios morales son universales, se sigue que se trata de una moral universal (llamada ley natural) y no sectaria. Es cierto que estos principios coinciden con los Diez Mandamientos, que expresan su esencia. Pero de ninguna manera se puede impugnar su validez al hecho de que Dios haya decidido revelarlos, porque son deducibles por la sola razón y la experiencia humanas, sin necesidad de la Biblia. La historia del pensamiento occidental atestigua fehacientemente esta verdad. Nos limitamos a un ejemplo: varios siglos antes de Cristo, el filósofo pagano Aristóteles escribió la Ética a Nicómano, en la cual habla de las virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.
Una sociedad que se precie de ser justa sólo debe aprobar leyes que se deriven de la ley natural o al menos que no estén en conflicto con ella. De otro modo, sus leyes son injustas y, en realidad, dejan de ser verdaderas leyes, para convertirse en violencia. Tal es el caso de las leyes que permiten el aborto, la violación de derechos humanos más grave y extensa de hoy en día.


RESUMEN
 

  • Dios es el fundamento de la dignidad ontológica o valor intrínseco y absoluto de la persona humana.
  • La dignidad de la persona es el fundamento de la vida moral. ␣ Porque la vida moral es el respeto y promoción de la persona humana como fin en sí
    misma.
  • La vida moral es el camino que nos lleva a Dios, nuestro fin último (lo más importante).
  • La persona humana es un ser compuesto esencialmente de alma y cuerpo.
  • La existencia del alma se demuestra por la capacidad del intelecto de concebir ideas universales.
  • La unidad sustancial de la persona se demuestra por su unidad de operación.
  • La dignidad ontológica de la persona humana se demuestra por el argumento
    -Clásico, que se funda en la unidad sustancial alma-cuerpo.
    -Personalista, que se funda en el principio de Kant.
  • La dignidad ontológica de la persona y sus diferentes dimensiones implican
    -La existencia de valores humanos objetivos
    -Y de derechos y deberes humanos
    -Ambos a su vez se expresan en principios o normas morales.



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