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Tantos jóvenes han perdido el horizonte, démosles esperanza
El Papa recibe en audiencia a los participantes en el Congreso Internacional de Pastoral Juvenil.


Por: Patricia Ynestroza | Fuente: Vatican News



El Papa Francisco recibió a los participantes en el Congreso internacional de pastoral juvenil del Dicasterio para los laicos, Familia y Vida a quienes en primer lugar agradeció por su labor para el éxito de la pasada JMJ de Lisboa.

“Ha sido un gran esfuerzo, pero valió la pena porque, después de la pandemia y en medio de tantas tensiones internacionales, los jóvenes necesitaban una inyección de esperanza. Los días en Lisboa fueron una auténtica celebración de la alegría de vivir y de ser cristianos; fue una ocasión para celebrar la esperanza que sigue habitando en el corazón de los jóvenes, porque Dios mismo la alimenta y la fortalece, a pesar de todas las adversidades”

Jubileo de los jóvenes y JMJ en Seúl

Les recordó los próximos encuentros internacionales, pero, sobre todo, dijo, a acompañar a la pastoral juvenil en el “tiempo ordinario”. En vistas al Jubileo de los jóvenes, el próximo año y el de la JMJ en Seúl dentro de tres años, les expresó su sueño:

“que puedan facilitar que muchos jóvenes se encuentren con Jesús, incluso aquellos que normalmente no van a la Iglesia, llevándoles el mensaje de la esperanza. Pienso en esos chicos y chicas que han “bajado la mirada”, que han perdido el horizonte, que han dejado a un lado sus grandes sueños y han quedado atrapados en la tristeza y en la depresión”



Al mencionar el continente donde se realizará la JMJ, dijo que,  Asia es un continente joven y vital; sin embargo, muchos jóvenes, sobre todo en las grandes ciudades, sufren la pérdida de la esperanza y se repliegan sobre sí mismos, afirmó, con pocas relaciones y pocos intereses. Y lo mismo sucede en todo el mundo.

Por tanto, los eventos de Roma y de Seúl son las ocasiones, que Dios nos ofrece para decir a todos los jóvenes del mundo: Jesús es esperanza para mí, para ti, para nosotros, para todos, manifestó.

No descuidar la vida cotidiana de los jóvenes

A ellos, el papa les dijo que mientras preparan estos dos grandes eventos, no deben dejar de lado, las “vías ordinarias, es decir, el camino concreto que los jóvenes siguen en la vida cotidiana”.

“Se trata del itinerario y la pastoral de los pequeños pasos, de los pequeños números, de las palabras y de los gestos sencillos, de los momentos de celebración y de oración en comunidad, de las decisiones de cada día. Son experiencias menos llamativas, pero que penetran hasta el fondo del corazón y con el tiempo dan frutos duraderos. Es la santidad de la vida cotidiana, de la que hablé en Gaudete et exsultate”



Este texto del Papa, es un himno a la alegría, el cristiano triste, dijo, es un triste cristiano. La alegría debe ser el alimento del cristiano, su expresión. Al respecto, Francisco señaló algunos elementos que no deben faltar nunca en el trabajo cotidiano de la pastoral juvenil.

Certeza que Dios es amor

En primer lugar, les dijo, ayudar a los jóvenes a tener en el corazón algunas certezas fundamentales, como “Dios es amor”, “Cristo te salva”, “Él vive”, “el Espíritu da vida”. Son certezas que van de la mano de esta otra:

La Virgen te quiere porque es Madre.

Ante las noticias negativas que nos asedian, los jóvenes, dijo Francisco, se ven particularmente afectados, pero estas no deben opacar la certeza de que Cristo resucitado está con ellos y es más fuerte que cualquier mal.

“Sí, ¡Cristo vive! Todo está en su mano y sólo Él conoce los destinos del mundo y el curso de nuestra vida. Es importante ofrecer a los jóvenes ocasiones para experimentar a Cristo vivo en la oración, en la celebración eucarística y en la reconciliación, en los encuentros comunitarios, en el servicio a los pobres y en el testimonio de los santos. Los propios jóvenes que viven esa experiencia serán a su vez portadores de ese anuncio-testimonio”

Discernimiento espiritual

Otro elemento esencial es el discernimiento espiritual (cf. Christus vivit, 278-298). El discernimiento, señaló,  es un arte que han de aprender en primer lugar los agentes pastorales: los sacerdotes y los religiosos, los catequistas, los acompañantes, los propios jóvenes que caminan con otros jóvenes.

“Es un arte que no se improvisa, sino que tiene que ser profundizado, experimentado y vivido. Para un joven, encontrar una persona capaz de discernimiento es encontrar un tesoro. En el camino de fe y en el descubrimiento de la propia vocación, contar con un guía sabio ayuda a evitar muchos errores, muchas ingenuidades, muchos momentos de extravío y de “parálisis”. Sobre el discernimiento tuve también un ciclo de catequesis, pueden buscarlas. Aquí quisiera subrayar sólo tres cualidades: es sinodal, es personal y está orientado a la verdad”

El discernimiento es una guía que no quita la libertad, más bien, acompaña. El discernimiento es sinodal, y es que actualmente,  prevalece el individualismo. Cada uno va por su propio camino, cada uno atribuye por sí mismo un sentido a la vida, cada uno establece sus valores, sus verdades. En la práctica del discernimiento, en cambio, dijo el Papa,  la Iglesia pone a nuestro lado a hermanos y hermanas en la fe para recorrer un camino juntos, no solos, y de esta manera nuestra maduración interior se enriquece mucho más. En este sentido el discernimiento es sinodal.

Escuchar al otro

El Papa, reiteró que, mientras que, “en nuestro mundo todo tiende a ser masificado y uniformado, a los jóvenes, en cambio, hay que acompañarlos personalmente. Cada uno de ellos es único e irrepetible”. Cada uno merece escucha, comprensión y consejos adecuados a su edad, a su madurez humana y espiritual. El discernimiento sólo puede ser personal. Por último, el discernimiento está orientado a la verdad.

“En una sociedad contaminada por las noticias falsas, donde los perfiles personales a menudo están alterados o son ficticios, donde se crean identidades alternativas, el discernimiento quiere ser para los jóvenes un camino en pos de la autenticidad; para salir de las identidades artificiales y descubrir la propia identidad real. Se trata de ser “genuinos” ante sí mismos, ante los otros y ante Dios”

Y tras hacer alusión a las mujeres que nos maquillamos, para ser más bellas, recordó que muchos nos maquillamos el alma, para aparecer lo que no somos. Hay que tener mucha atención, ser verdaderos ante los demás, ante Cristo, ante nosotros mismos.

Concluyó diciendo que es importante seguir escuchando a los jóvenes. Se trata de una escucha real, que no se quede “a medias”, o que sea sólo “de fachada”. Los jóvenes no pueden ser instrumentalizados para realizar ideas que ya han decidido otros o que no responden realmente a sus necesidades. No. A los jóvenes hay que confiarles responsabilidades, implicarlos en el diálogo, en la programación de las actividades y en las decisiones. Es necesario hacerles sentir que son parte activa y con pleno derecho en la vida de la Iglesia; y sobre todo que ellos mismos son los primeros anunciadores del Evangelio a sus coetáneos.







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