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Una alternativa a discusiones y castigos con tu adolescente
Ya de por sí el adolescente tiene la tendencia a desafiar y retar a la autoridad.


Por: Guillermo Dellamary | Fuente: Aleteia



En un mundo que insiste en resolver muchos de sus problemas por medio de la agresividad y la violencia, lo menos que debemos hacer es continuar fomentándola con más pleitos caseros con tu hijo adolescente. 

Una manera de revalorar la situación con la rebeldía o la desobediencia de los hijos adolescentes, es buscar un momento para dialogar, escuchar y comprender los motivos de la conducta que están manifestando. 

Antes de recurrir al llamado de atención, al regaño, o peor aún al castigo, es necesario estudiar bien la situación y tratar de llegar a fondo de lo que pasa.

Una recomendación muy importante es tomar más consciencia del tipo de emociones que despiertan las rebeldías y retos de los hijos, bien pueden producir enojo, rabia, coraje, desencanto, frustración, resentimiento, orgullo y hasta sentirse ofendido por su desobediencia.

Es normal y comprensible sentirse así; pero lo mejor es no actuar en el momento para evitar ejercer la autoridad y deber de educar en un estado de ánimo alterado, debido a que resulta muy incómodo que una autoridad regañe o grite cuando se ha cometido una falta.



Por ejemplo, imagina que un agente de tránsito te detiene porque te pasaste la luz roja y, en vez de simplemente darte la multa, comienza a gritar muy enojado y te da un largo discurso por el error que acabas de cometer. Ciertamente, el tránsito tiene la autoridad, pero no por ello tiene el permiso de sacar sus emociones y tratarte mal. 

Lo mismo se aplica en tu relación con los hijos, tienes la autoridad y la responsabilidad de educarlos, pero no el permiso de hacerlo de mala manera.

Así que, la próxima vez que tengas que ponerle un límite a uno de tus hijos o aplicar un correctivo como consecuencia a sus actos, trata de no hacerlo bajo ninguna emoción negativa. Dialoga con él y aclárale los puntos que tu ves de los errores que ha cometido y de las posibles sanciones que pueden ocurrir, pero que nada de ello se realice en un ambiente de alteración, enojo, coraje; y mucho menos con actitudes violentas o amenazadoras. 

El ejemplo también educa

El ejemplo que se da también educa, lo que implica que si tú, como adulto y figura de autoridad, te alteras, te irritas fácilmente y recurres a comentarios ofensivos e insultos, en vez de formar con valores y virtudes, estarás haciendo exactamente lo contrario. Esto, además, podría generar mucho enojo en tus hijos y podrías perder el respeto de ellos hacia ti, como consecuencia de haber sido tú el primero en faltar al respeto.



Tal vez aceptar nuestros malos modos y errores al ejercer la autoridad nos cueste mucho trabajo a los padres, pero vale la pena tomar consciencia de lo que estamos haciendo y corregir oportunamente nuestras conductas. 

Los castigos, regaños y discusiones pueden tener un efecto correctivo a corto plazo y detener los comportamientos inadecuados del momento; sin embargo, pueden traer serias consecuencias a mediano y a largo plazo, por lo que hay que considerarlas antes de recurrir a ellos. 

¿Qué pasa cuando regañas, castigas y discutes con tus hijos?

  • Se afecta la relación padre e hijo y se genera un distanciamiento y una pérdida de la confianza. 
  • Los castigos pueden hacer que los adolescentes se sientan menos queridos y hasta rechazados, en especial si han sido castigados con enojo. Esto generalmente provoca un resentimiento en los hijos.
  • Los adolescentes suelen relacionar a los castigos y las discusiones con el poder y el control, lo que puede incitarlos a que recurran a comportamientos negativos para obtener atención. Esto incluso puede llevarlos a querer manipular a sus padres con retos y desafíos que no existían antes de los castigos.
  • Los castigos no enseñan lo que sí se debe hacer o corregir de manera adecuada, solo reprimen lo que no se debe hacer, pero no explica cómo hacerlo ni conducen hacia ello.

Una mejor alternativa…

En lugar de pelear, discutir y castigar es mucho mejor promover una disciplina positiva basada en el diálogo, la empatía y comprensión que ayude a establecer acuerdos que los lleven a saber qué hacer correctamente y cómo cumplir con las peticiones de sus padres. 

Además, es mucho mejor hablar con ellos y explicarles por qué sus comportamientos y conductas son inadecuadas, asegurándonos de que las hayan comprendido correctamente, para así darles confianza y elevar su autoestima. Esto es muy importante, pues les ayudará también a que sepan que estamos para ayudarlos y para darles aliento para aprender y mejorar.  

Esperamos que estos consejos te ayuden a mejorar la relación con tus hijos sin dañar el amor y la confianza que se tienen.







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