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Superación de creencias limitantes y paz
La realidad es siempre interpretada, y los conceptos mentales son provisionales por naturaleza.


Por: Llucià Pou Sabaté | Fuente: Catholic.net



¿Cómo saber cuando algo es verdadero? La verificación será distinta según el tipo de verdad: si es algo cuantificable, serán los sentidos los que lo comprueben, lo que ha venido a llamarse el “ojo de la carne”. Si es algo racional como las matemáticas o la filosofía, será la razón la que lo pruebe: es el “ojo de la razón”. Si es algo espiritual será el “ojo del alma” el que lo verifique, y el modo de medir la veracidad de ese contexto es si aquello nos da paz interior. Por ejemplo, si una supuesta espiritualidad se basa en el miedo naturalmente no habrá paz y por tanto no dará un desarrollo espiritual auténtico, que conlleva deseo de crecimiento y servicio, calidad de relaciones con otros, y en general bienestar personal y colectivo. Es pues la calidad de la experiencia vivida y la calidad de nuestro servicio a los demás lo que determina el valor del contexto que las produce y no cualquier filosofía teórica o sistema de creencias. Y ese es el contexto de paz, que da esa armonía en el orden del amor.

Y el orden del amor va unido a la verdad; que no es algo teórico sino que la verdad es transformativa, nos hace mejores. Si no, no es verdad. Un nuevo contexto tiene que demostrar su valor a través de una mejora en esa verdad que va unida al amor, y ese es el contexto de paz interior, y esas experiencias personales de paz no son solamente individuales sino también colectivas: la paz social viene como fruto de la paz interior de cada uno, que se expande.

En resumen, si los resultados internos son de felicidad, paz y armonía, entonces sabremos que estamos en buen camino, que la información que recibimos es verdadera; si las cosas de fuera van bien es que tenemos esa armonía vital, esa paz y comprensión de amor. Es decir que las vivencias externas mejoran entonces, en cuanto a relaciones con los demás, hay también más salud, e incluso abundancia de recursos según los necesitemos, y adaptación al medio. Todo esto es el modo por el que verificaremos que una información es buena, y que seguirla nos da sabiduría.

Mirar “desde el alma” nos da una visión más real de las cosas, donde lo más importante no es lo que se ve (poder, gloria o dinero), sino que el valor superior está en lo que no se ve (el amor, la consciencia). Podemos experimentar hoy, en continuidad con los místicos de todos los tiempos, una evolución de nuestra consciencia más allá de muchos procesos mentales y ya no identificarnos con ellos. Hay un poder en nuestra experiencia vital que podríamos llamarle un poder evolutivo. Un poder que desarrolla la chispa divina que llevamos dentro. En oriente llaman “energía” a lo que en occidente llamamos “gracia”, una sinergia que en el fondo es la atracción que ejerce el Amor. En este sentido, podemos imaginarnos el funcionamiento de un globo aerostático. Cuando se va a comenzar el viaje, el globo esta atado con unas cuerdas al suelo para que no se eleve al calentar el gas hasta que los pasajeros estén a bordo. Una vez montados, solo hay que cortar las cuerdas para que el globo se eleve sin esfuerzo, no es necesario empujarlo hacia arriba. Si lo que nos da inquietud es nuestra atadura a las personas y las cosas, los apegos, de igual forma, el proceso evolutivo consiste mas en soltar apegos y conflictos (cortar las cuerdas de los sentidos, incluso de las limitaciones de la mente) para dejar que la Gracia, la atracción del Amor, haga su trabajo. Por tanto, el trabajo espiritual que nos dará la paz es más soltar que conseguir, es más dejarse llevar que conquistar, es más dejar hacer, que hacer.

No se trata de una actitud pasiva, y menos de resignación. Es una aceptación que proviene de la comprensión de amor. Si salimos al sol un día despejado, solo podremos evitar recibir su energía si nos cubrimos con una sombrilla. El sol emite sus rayos con independencia de que yo me ponga o no la sombrilla. Los conflictos internos egoicos son la sombrilla. Esto es así, porque los conflictos egoicos bajan nuestra vibración (el egoísmo nos impide ver a los demás) y así hacemos físicamente mas difícil poder entrar en sintonía con las vibraciones superiores que contienen mas información (más gracia). Por tanto, la superación del ego será fundamental para la paz interior. Ya san Agustín nos decía que si Dios está siempre disponible, la gracia es recibida según nuestra capacidad, la de cada uno en su corazón.



En última instancia y de acuerdo con todos los místicos, si nuestro filtro mental estuviese limpio de toda limitación (ego), de todo trauma del pasado (pues hay muchas creencias limitantes que no nos dejan ver la luz) o limitación de nivel de consciencia, percibiríamos que nuestras circunstancias, las que tenemos ahora en el mundo, son las más convenientes para nuestra evolución. Veríamos que nos sirven más las cosas que no van, que nos contrarían, que las que van sin esfuerzo; que las dificultades son importantes para el aprendizaje, forman parte muy importante de una pedagogía evolutiva. Tendremos paz si lo tomamos todo como venido de la mano de Dios, no podemos estar desconectados del mundo.

Un ejemplo del funcionamiento de la mente inferior, en cambio, se ve en aquel italiano que comía la pasta con los ojos vendados. Cuando le preguntaron por qué lo hacía, respondió: “el médico me ha dicho que la pasta ni verla”. Hay pacientes que van buscando que les digan lo que ellos quieren, hasta encontrar un terapeuta que les da la razón, así ellos están contentos y el terapeuta consigue sus honorarios. Hoy es habitual ir a movimientos espirituales que nos hablan de querernos a nosotros mismos más que a los demás, o nos dicen lo que queremos escuchar… Eso es contentarse con la mentira, antes que abandonar o ampliar un contexto. Lo narra muy bien san Agustín en las Confesiones, cuando la verdad compromete a un cambio de vida, y él no quería abandonar sus pasiones desordenadas. Pero esto pasa en todos los campos: en la película “No mires arriba” (2021, de Leo DiCaprio) se habla de un asteroide que puede destruir la tierra mientras que todos están pendientes de si la noticia ha tenido más o menos impacto en las redes sociales. A menudo no amamos la Verdad sino la seguridad emocional que nuestras creencias nos aportan sin verdaderamente evaluar el fruto que producen. Estamos encerrados en un contexto. No evaluar serenamente los frutos de las creencias puede conducir al fanatismo que nunca puede coexistir con la Paz. 

Cuando iba a pescar, procuraba que si picaba el anzuelo una anguila, había que sacarla inmediatamente de su escondite pues si no se “enrocaba”, se agarraba a las piedras y no había forma de sacarla de allí. Cuando existe una gran rigidez mental, pasa algo parecido, pues nuestra tendencia es protegernos con aquellos conocimientos (aunque no sean verdaderos, aunque no produzcan frutos), enrocarnos en ellos en lugar de mejorarlos, deteniendo así la evolución espiritual de forma casi inconsciente. También puede pasar en modos de hacer antiguos, de un contexto que no se quiere reconocer que está superado, y en esas sociedades y familias tradicionales, se dice “siempre se ha hecho así”. Abrirse a nuevas formas de pensar y de experimentar requiere de flexibilidad y de ausencia de miedo para poder salir de nuestra zona de confort mental emocional y física. "Transformaos a través de la renovación de vuestro espíritu", dirá S. Pablo.

Un contexto o paradigma es como las "gafas" que se usan para "ver" el mundo. Debido a los descubrimientos recientes, hoy es posible mantenerse dentro de la lógica y la racionalidad y al mismo tiempo comprender las realidades espirituales, y que la ciencia no puede negar la espiritualidad (las distintas disciplinas del conocimiento han expandido el contexto existente para concluir que las realidades científicas de siempre no explican toda la realidad, y estar abierto a realidades espirituales al mismo tiempo, en vez de la disyuntiva de “unas u otras”). La expansión de paradigma siempre facilita la resolución de conflictos, ya no es “ciencia o fe” sino que puede ser “ciencia y fe”, y nuestra espiritualidad está sustentada en las múltiples verificaciones interiores, que son experienciales, y si nos dan paz tenemos certeza de su verdad. 

La realidad es siempre interpretada, y los conceptos mentales son provisionales por naturaleza. Ser consciente de esa limitación es una cualidad necesaria para la sabiduría. Dejarnos iluminar por la verdad, sabiendo que estamos siempre en camino y nunca la poseeremos por completo, más bien podemos dejarnos poseer por la Verdad. Ésta posee un componente de humildad y otro de flexibilidad; ve todo conocimiento como provisional y sujeto a modificación, no sólo en su significado, sino también en su valor. El papa Francisco habló de que puede haber diversidad de maneras de interpretar algo, y que hemos de estar abiertos, que por encima de esas divergencias se busque la unidad, la paz (tranquilidad en ese orden, sin fanatismos, sin absolutizar “mi verdad” sino abiertos a ir buscando “la verdad”). Así, de podría definir la sabiduría con una fórmula matemática: sabiduría = conocimiento + Amor o, mejor dicho, conocimiento “en” Amor.









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