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Tentaciones en la familia
La confianza en Dios es el mejor antídoto para todas nuestras tentaciones.


Por: Sandra B. Lindo Sominín | Fuente: Semanario Alégrate



Como padres hay ocasiones que no estamos presentes ni física, ni emocionalmente con nuestros hijos, es una realidad tremenda que invade a nuestras familias, siempre queremos ofrecer lo mejor de nosotros mismos a nuestros hijos, brindarles ese tiempo de presencia y de calidad que necesitan para nutrirse emocionalmente y crecer con todas sus necesidades bien cubiertas, porque nuestra prioridad es amarlos, ofrecerles un sentido de pertenencia, que se sientan importantes, valorados, escuchados, y aceptados en nuestras familias.

Evitemos el celular cuando estamos en familia, comencemos por reducir progresivamente la cantidad de tiempo que pasamos revisándolo, comencemos por limitar la cantidad de veces que revisamos el celular a una vez cada determinado tiempo, y sigamos espaciando la frecuencia. Es importante llevar un registro de cuántas veces revisamos el celular porque nos rebasa el tiempo que se utiliza, las redes sociales nos traen locos observando la vida de los demás y a veces hasta imitamos.

Vivir el presente es lo que tenemos que hacer porque la vida cotidiana nos impone un ritmo que no nos deja parar. El futuro es nuestra prioridad y eso nos crea estrés constante. No dejamos de recordar el pasado para señalar aquello que no nos gustó o cómo nos hubiera gustado que fuera. Hagamos que nuestro presente sea el pasado de nuestro futuro; dediquemos tiempo a pensar, sentir y hacer lo que es cada instante, que suceda sin más propósito que tomar conciencia, de esta manera tendremos la capacidad de ser felices y sentirnos vivos.

El evadir el problema principal ocasionamos malos hábitos, indistintamente del problema que se trate, sentimos la tentación de ignorarlo. Sin embargo, el desafío moral está en asumirlo y solucionarlo. La moral no siempre tiene que ver con el que permanezcamos fuertes, sino en buscar la fuerza donde ésta pueda encontrarse.

Dejemos de juzgar porque nuestra conducta es reflejo de nuestro pensamiento. Solemos juzgarnos constantemente a nosotros mismos por cómo actuamos, por cómo pensamos. Lo mismo nos sucede con nuestras familias, opinamos sobre su forma de hacer y pensar, entonces no damos libertad de expresarse a nuestros hijos, opinamos sobre lo que dicen, los criticamos y juzgamos movidos por buenas intenciones de crecimiento.



La confianza en Dios es el mejor antídoto para todas nuestras tentaciones, problemas, preocupaciones, recordemos que Dios siempre en nuestras vidas, él es nuestra seguridad porque en momentos difíciles jamás nos olvida.







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