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¿Vale la pena ser "ama de casa"?
Un problema de desprestigio cultural y social: ser ama de casa ha llegado a ser sinónimo de incultura, rutina e insignificancia laboral


Por: Javier Garisoain | Fuente: Revista Arbil



Desde que la humanidad inventó el concepto de "casa" hubo un trabajo que hacer en ella y por ella. Desde entonces existe una profesión que llamamos "ama de casa". Es una profesión femenina. No quiero decir que "en mi opinión deba de ser una profesión femenina". Lo que digo es que la profesión de ama de casa ha sido, es y será, generalmente, una profesión femenina.

Lo más característico de la profesión de ama de casa es que no requiere ninguna especialización. O para decirlo mejor, las requiere todas. El trabajo femenino de ama de casa es susceptible de dividirse en multitud de trabajos masculinos especializados para los cuales solemos reservar la etiqueta de "profesionalidad". Como si ser "generalista" no fuera otra forma de ser "profesional". Un cocinero, un pedagogo, un pediatra, un mayordomo, un sastre, un contable, un decorador, un psicólogo, etc. concentran todos sus esfuerzos laborales en una sola faceta llegando en ocasiones a alcanzar un virtuosismo admirable. Esa admiración que despiertan en nuestro ánimo es similar a la que sentimos por los equilibristas del circo. Es la admiración que proporciona el espectáculo de las pequeñas habilidades que sólo es posible alcanzar mediante el entrenamiento. La profesión de ama de casa en cambio prescinde de esa perfección espectacular que tienen los trabajos limitados y se especializa en ordenar no una, sino todas las cosas que se mueven en ese mundo infralegal -o supralegal- que es el hogar. Es un trabajo variado, plural, duro y absorbente como ningún otro. Es un trabajo que precisa de la ayuda de todos los miembros de la familia, no cabe duda, pero que no puede ser sustituido por una mera yuxtaposición de ayudas. El trabajo en equipo está muy bien siempre que haya una cabeza, una dirección, un jefe, un amo... o un ama. De todas formas la casa sin ama de casa ya está inventada: se llama "piso de estudiantes".

La profesión de ama de casa se enfrenta desde hace algún tiempo a un problema de desprestigio cultural y social. Ser ama de casa ha llegado a ser entre las clases cultivadas del Occidente postcristiano sinónimo de incultura, rutina e insignificancia laboral. El término despectivo "maruja", aunque pueda tener una base real en cierto modelo decadente de "ama de casa", es un insulto que empobrece a la sociedad. Yo no creo que un telescopio sea más importante que un microscopio. Ni que la microeconomía sea menos relevante que la macroeconomía. El éxito de cualquier empresa es tanto de la logística como de la dirección. Un triunfo futbolístico, cuando llega, es de los delanteros como de los defensas. En la táctica militar de nada vale la mejor vanguardia sin una buena intendencia. De la misma forma cualquier familia tiene un trabajo interior y otro exterior, ambos igualmente dignos. Así es la vida: lo oculto y lo visible, la raíz y la flor, complementándose para lograr la belleza estable de todas las cosas. La naturaleza y la vida humana están llenas de ejemplos similares a ese milagro de la biología y la psicología humanas que llamamos matrimonio. El equilibrio entre los sexos es tan necesario como el día y la noche. Y ese equilibrio que nos enseñan la biología y la psicología tiene una formulación concreta que no está de moda: lo propio del hombre es lo público; lo genuinamente femenino es lo privado. La ley y la política, la empresa y la profesión especialista han sido y son generalmente cosas de hombres. Pero no porque las mujeres no puedan, o no sean capaces, o no tengan facultades para cumplir en todas ellas perfectamente. Ellas saben, y pueden hacerlo; lo que sucede es que generalmente ni quieren ni hace falta que lo hagan. Creo que cuando se demuestra que de verdad hace falta es señal de que llegan los tiempos duros. Como los que llevaron a Juana de Arco a liderar un ejército.

Yo no se hasta qué punto es necesario que las mujeres se ocupen hoy de la política o los trabajos extradomésticos para mejorar las cosas. Lo que si sé es que las cosas seguirán empeorando si cada año continúan desapareciendo en Occidente cientos de miles de amas de casa. Este fenómeno demoledor deja cada año literalmente vacíos y desatendidos a cientos de miles de hogares. En vano tratará la burocracia estatal de cubrir este terrible desierto. Podrán multiplicarse las subvenciones, las guarderías, los comedores (¿o comederos?) públicos... podrán incluso tratar de encuadrar a las amas de casa restantes en esquemas semi-funcionariales. Todo será inútil. Lo propio de la profesión de ama de casa es su alegalidad, su insumisión a normas escritas y su entrega gratuita. Lo propio del ama de casa es hacer el trabajo que hay que hacer, aunque no sea perfecto, por amor y por pura responsabilidad; y no porque lo exija un ministro del Gobierno o un reglamento.

Hay quien piensa que una forma de dignificar el trabajo del ama de casa sería asignándole un sueldo. Esta solución es realmente lógica si se parte de una concepción individualista y burocrática de las cosas. Pero habrá que tener en cuenta que si asignamos por decreto un sueldo al ama de casa tendremos que legislar entonces sobre toda la cuestión. Para ser completamente "justos" se hará preciso regular los estudios y las prácticas previas al ejercicio de la profesión; también los procesos de selección del personal, y los sindicatos correspondientes; y no bastará con fijar un sueldo único porque cada familia y cada casa exigirán un nivel diferente de preparación, de dedicación y de remuneración del ama de casa... No hay nada más ilógico que reflexionar con lógica sobre una primera idea absurda. La idea sagrada que nunca hemos debido romper es la de matrimonio. Porque si resulta que el matrimonio no es mas que una unión circunstancial, (de hecho), de dos ciudadanos, entonces el Estado tendrá todo el derecho del mundo a inmiscuirse y a fijar incluso sueldos y derechos laborales de sus súbditos. Pero si el matrimonio y la familia son, como afirma la tradición cristiana, ese reino independiente, esa auténtica ONG, en cuyo interior no existen ni lo político ni lo legal, entonces resulta que el Estado y sus políticos no son nadie para meter sus narices donde no les llaman. Por otra parte la idea de un sueldo para el ama de casa no es en sí misma descabellada. Lo que es absurdo es su determinación por ley o su prestación por parte del Estado, no lo es el hecho de que el ama de casa pueda disponer de medios económicos. Pero esto ya está inventado: en toda familia decente el marido -que trabaja fuera de casa no sólo por su interés sino por el de toda su familia- entrega dinero, a veces todo el dinero, a su mujer. ¿No es eso tener un sueldo? Fijar un sueldo oficial para el ama de casa no sería hacerle ningún favor. Al revés: sería lo mismo que negarle la parte que justamente le corresponde del sueldo del marido. Sería como decir al marido que ese dinero que él gana fuera de casa es solamente suyo.

La profesión de ama de casa, lo mismo que la institución natural de la familia, han sufrido muchos ataques e incomprensiones a lo largo de la historia. Fueron ataques la tiranía insoportable del paterfamilias romano, o el machismo indecente de los ilustrados, o la subordinación de la mujer que definía el esquema puritano, o la poligamia de los musulmanes, o la "florerización" y "marujización" de la cultura burguesa contemporánea. No seré yo quien propugne una vuelta atrás. Sólo deseo avanzar hacia el sentido común, esté donde esté.

Hoy, la ideología que pretende liberar a la mujer a base de igualitarismo le obliga a someterse a un patrón masculino que no le hace feliz. La mujer debe recuperar en la teoría y en la práctica su sitio en la sociedad. Ser ama de casa y madre de familia ha de seguir siendo la profesión más digna y más frecuente de las mujeres por más que digan los burócratas de Bruselas. Para ello las amas de casa únicamente están pidiendo respeto y reconocimiento a su labor. No piden nada del otro mundo: un matrimonio estable; un verdadero hogar; tiempo para tener, cuidar y educar a sus propios hijos. No creo que sea cuestión ni de ayudas, ni de subvenciones, ni de guarderías, ni de inspectores, ni de trabajos masculinizantes. Lo que especialmente le falta hoy en día al ama de casa es buena prensa. El individualismo liberal y la homosexualidad machista que impregnan los grandes medios de comunicación nos están acomplejando a todos de tal forma que ya no nos atrevemos a decir lo que pensamos. Y lo que pensamos de nuestra infancia, por ejemplo, es que fue una suerte tener siempre en casa a Mamá.

 


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Imagen: www.mortadeloyfilemon.com

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