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Hagamos de la familia una verdadera comunidad
Mientras las familias no logren ser verdaderas comunidades de amor no están realizando la tarea que Dios les ha encomendado


Por: P. Alfonso Milagro | Fuente: Meditando la Vida, editorial Claretiana



Muchos ladrillos o piedras pueden ser simplemente un montón de ladrillos o piedras; pero si los ordenamos debidamente y los unimos unos con otros, según un plan o proyecto, podemos entonces levantar paredes y hacer con ellos una casa.

También nosotros los hombres podemos vivir sólo como si fuéramos un conjunto de personas, sin que nos preocupemos unos de los otros, sin que nos ayudemos ni nos amemos. Seremos entonces semejantes a un montón de ladrillos. Pero si vivimos unidos y nos preocupamos por el bien de los demás, formaremos lo que llamamos una Comunidad. Varias personas forman una comunidad cuando viven unidas, y por lo tanto tienen esas cosas en común.

La voluntad de Dios es que los hombres vivamos no solamente juntos, como el montón de ladrillos, sino unidos; formando comunidades, donde todos nos veamos como hermanos, hijos del mismo Padre: Dios; interesándonos por los demás; ayudándonos unos a otros. Por eso, si queremos cumplir la voluntad de Dios, es necesario y urgente que comencemos por hacer de nuestra familias una verdadera comunidad, donde todos los que estamos bajo un mismo techo y tenemos la misma sangre y llevemos el mismo apellido, vivamos unidos, amándonos unos a los otros.

Cuando sólo tenemos los ladrillos amontonados no nos sirve de nada sino más bien de estorbo; así también, mientras las familias no logren ser verdaderas comunidades de amor no están realizando la tarea que Dios les ha encomendado.

Que ideas que exponemos ayuden a los padres de familia a hacer de su hogar una comunidad, eso precisamente: una comunidad de amor que sea así cada día más conforme con la voluntad salvadora de Dios.

Dios quiso que todos los que han de salvar formen un solo Pueblo: el Pueblo de Dios, la familia de Dios; Él es el Padre, pero todos los demás somos sus hijos. Pero ha querido que el hombre se reúna además en el ámbito de esa otra familia más reducida que es el propio hogar; fortalecer el hogar es fortalecer el plan salvador de Dios.
 





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