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La auténtica realización no tiene que ver con la autoestima (Valor: amor de Dios hacia nosotros)
Sabernos amados por Dios es suficiente para darnos la felicidad que buscamos. En cambio, la autoestima, o el amor a nosotros mismos, nos pone el obstáculo de fijarnos demasiado en nosotros y no en nuestro Autor.


Por: Lucredia Rego de Planas | Fuente: Catholic.net



 

 

 

 

 



La verdadera felicidad no consiste en amarte a ti mismo, sino en saberte amado por Dios y responsable de dar ese amor a los demás.

Si cada día recuerdas que eres un hijo de Dios, que todo lo has recibido de Él y que tienes que entregar cuentas de eso que te han dado, será suficiente para que hagas bien todas las cosas, pero sin dejarte lugar alguno para el orgullo, pues sabrás que Dios es el protagonista de la obra y tú únicamente el encargado de ponerle la escenografía para que Él sea el que brille.

Sabrás que Él es el pintor y tú sólo el pincel, que Él es el escritor y tú sólo la pluma, que Él es el músico y tú eres sólo el violín, que Él es el escultor y tú sólo el cincel. Él es el que merece los aplausos… ¿o acaso has oído a alguien que le aplauda a un pincel, a un violín, a un cincel…?

Pienso que la vida es como un juego de pelota, en el que Dios nos lanza un balón para que se lo pasemos a los otros.

El balón son los talentos que Él nos da, que pueden ser muchos o pocos y que realmente, para el objetivo del juego, que es “pasar el balón a los demás” interesa muy poco si el balón es bonito o feo, grande o pequeño, brillante u opaco. Lo importante es que lo pasemos.

Fomentar la autoestima es algo tan tonto como pensar que, en el juego, Dios me pasa el balón y yo, en lugar de pasárselo a los otros, lo cacho y lo escondo, lo agarro para mí, me lo llevo a mi cuarto, lo limpio, lo contemplo, lo admiro, lo acaricio, lo beso, le aplaudo, lo envuelvo y luego… salgo a presumírselo a los otros, como algo mío, sintiéndome privilegiado y orgulloso "porque Dios me lo lanzó a mí".

¿Qué me dirán los otros?

-Ya lo sabemos, vimos que Dios te lo lanzó, pero… no seas tonto y pásalo ya, que de eso se trata el juego!

No echemos a perder el juego de Dios. Enseñemos a nuestros hijos a pasar el balón, casi sin verlo.

Termino con las palabras que pronunció la más grande de las mujeres, María, nuestra Madre Santísima, expresando las razones de “su autoestima”:

“Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de gozo en Dios mi salvador, porque se ha fijado en la humildad de su esclava. Desde ahora, Bienaventurada me llamarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí”

De ella, S.S. Benedicto XVI dice: “María es grande precisamente porque quiere enaltecer a Dios y no a ella misma” Deus Caritas est n.41.

(Tomado del artículo: La Autoestima, una trampa para el amor)

 

 

 

 

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