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Vivir y ser feliz
Tengamos la certeza que Dios nos ama.


Por: Adriana L. Franco Sampayo | Fuente: Semanario Alégrate



Vivimos tan de prisa y en ocasiones no nos deja percibir si lo que ya tenemos es suficiente para nuestra vida. Nos preocupamos tanto en TENER. Tener eso, tener aquello, comprar eso, comprar aquello… Quizás estamos tomando un rumbo incierto. Los bienes, el dinero, los objetos materiales son sumamente impredecibles: viene y van. Los años pasan, y cuando nos damos cuenta, vamos dejando de lado los afectos, la capacidad para gozar las cosas pequeñas, el cultivo de lazos significativos. Y todo eso es lo que verdaderamente otorga un sentido a la vida y olvidamos lo más importante: VIVIR Y SER FELIZ.

A veces, para ser feliz, no precisamos tanto TENER. Podemos darnos cuenta que lo más importante en la vida es ser, lo que no es difícil de alcanzar. Las personas deben parar de correr atrás del tener y comenzar a correr atrás del SER: SER AMADO, SER GENTE.

Valdría la pena que comencemos a vivir cada instante, en disfrutar y experimentar al máximo cada momento y no esperarse hasta el final de nuestros días. Obedezcamos los impulsos del corazón que es el que dicta lo que realmente nos entusiasma, nos anima y nos empuja a hacer lo que verdaderamente importa.

Tengamos la certeza de que, cuando somos, somos mucho más felices de que cuando tenemos. El ser lleva toda la vida en conseguirlo, y el tener, muchas veces lo conseguimos rápido. Sólo que el ser no acaba ni se pierde, más el tener puede terminar inesperadamente.

La felicidad depende de que realmente anhelemos ser felices y estemos a gusto con nosotros mismos. La felicidad no es un don. La felicidad la vamos construyendo diariamente. Disfrutemos el momento, la vida es sólo eso, momentos, oportunidades que pasan y que no se vuelven a repetir. La vida es corta, el tiempo se acaba. Aprovechemos al máximo cada momento y cada época de nuestra vida. Tengamos el valor de ser personas diferentes y seguir nuestra propia estrella.



Tengamos la certeza que Dios nos ama.

San Agustín dice que el camino a la felicidad está en Dios. Dios es fuente de nuestra felicidad y meta de nuestro apetito.







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