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¿Y el arca de la alianza?
En el Arca de la Antigua Alianza estaba la presencia de Dios en medio de su pueblo.


Fuente: El Observador de la actualidad



Dios ordenó a Moisés: “Harás un Arca de madera de acacia…. La revestirás de oro fino por dentro y por fuera… y pondrás dentro el Testimonio que Yo te daré. Allí Me encontraré contigo para darte mis órdenes referentes a los hijos de Israel” (Éxodo 25, 10-22).

Ahí se guardó “un vaso de oro con el maná, la vara de Aarón que había florecido, y las tablas de la Ley” (Hebreos 9, 4).

La beata Ana Catalina Emmerick, respecto del misterio del Arca de la Alianza señala que “nuestras cosas santas estaban en él como un germen, como en una existencia futura”. Este germen de la bendición de Dios primero lo recibió Adán, luego Abraham, Isaac y Jacob, para ser a continuación herencia del pueblo hebreo, siendo depositado en el Arca de la Alianza. No fue, pues, un símbolo sino algo real.

Tras que los babilonios destruyeran el Templo de Jerusalén, se perdió el rastro del Arca. La Biblia señala que fue escondida en una cueva en el Monte Nebo por el profeta Jeremías en un lugar que nadie podrá encontrar sino hasta que Dios lo determine (cfr. II Macabeos 2, 4-7).

Pero el germen de la bendición divina no desapareció. Según las visiones de la beata Ana Catalina, san Joaquín lo recibió por ministerio de un ángel y “de este modo fue concebida María, bajo la puerta dorada del templo, y con su nacimiento pasó Ella misma a ser el Arca del misterio”.



¿QUÉ TIENE QUE VER ESTO CON NOSOTROS?

En las Letanías Lauretanas los cristianos designamos a la Santísima Virgen como Foederis Arca (Arca de la Alianza o Arca del Pacto). Así como el Antiguo Testamento está lleno de acontecimientos, personajes y símbolos que son prefiguraciones de Cristo, también los hay en sentido mariano.

En el Arca de la Antigua Alianza estaba la presencia de Dios en medio de su pueblo, y en su interior se guardaba la Palabra divina reseñada en las Tablas de la Ley; mientras que en María Santísima, el Arca de la Nueva Alianza, habitó Cristo por nueve meses, quien es la Palabra de Dios encarnada. El Arca del Antiguo Testamento estaba revestida de oro; María, el Arca del Nuevo Testamento, fue llenada por Dios de dones incomparables. Para los judíos el Arca era un lugar privilegiado donde Dios escuchaba sus oraciones; María es el lugar privilegiado donde Dios escucha nuestras plegarias, con la ventaja de que Ella suma su voz a la nuestra.

“Entonces se abrió el Santuario de Dios en el Cielo y pudo verse el Arca de la Alianza de Dios dentro del Santuario… Apareció en el Cielo una señal grandiosa: una mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” (Apocalipsis 11, 19- 12, 1).









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