A quien mucho se le confía, mucho se le exigirá
Por: Pbro. Joaquín Dauzón Montero | Fuente: Semanario Alégrate

San Lucas le escribe a los responsables de las comunidades de su tiempo a fin de transmitirles las enseñanzas de Jesús en momentos oportunos, para practicar los valores propios de un lider o administrador leal, pues al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más. Y podemos partir de la respuesta que Jesús le da a Pedro y que es aplicable para usted que tiene un puesto de suma responsabilidad en una nación o un pueblo y para tí o para mí que, al menos, somos responsables de una familia o un grupo determinado.
Feliz es alguien que sabe estar al frente de los miembros de los que es responsable, sin apropiárselos, sin manejarlos a su antojo, sin aprovecharse de ellos, sin ejercer violencia en su contra, sin marginarlos o descartarlos, sin obligarlos, por diferentes circunstancias, a abandonar su casa y sus propiedades; ese sería un buen administrador y merecedor de los elogios de sus conciudadanos.
Y ¿cuáles son los valores de un buen administrador? Por el vocabulario del texto, podemos decir que los valores de un buen administrador son los siguientes: ojos abiertos, prestancia, vigilancia, fidelidad, prudencia, lealtad, y posiblemente otros, como la firmeza, el compromiso, el respeto y la obediencia.
Si tomamos uno de esos valores, como el valor de la lealtad, porque Jesús habla de la deslealtad de los malos administradores, encontraríamos, por ejemplo, que la lealtad, como valor importante, consiste en el respeto, el cuidado y la defensa, de lo que se cree, y que puede tratarse de una causa justa, un proyecto, unas o una persona determinada.
Este valor se desarrolla en la conciencia de quien ejerce la tarea de liderear o administrar y supone el compromiso de cumplir con las obligaciones adquiridas y defenderlas frente a circunstancias que pretendieran cambiarlo o pudieran serle adversas. Entre nosotros, todo esto es aplicable en el espacio y el tiempo, pues el ladrón, como en el ejemplo del padre de familia, ronda como león rugiente buscando a quien afectar, parafraseando a san Pedro, y la mayor parte de las veces somos sorprendidos, si no abrimos los ojos y vigilamos.
Nosotros esperamos la venida del Señor y lo hacemos viviendo los valores de la fidelidad, de la lealtad, de la esperanza y, precavidos, aguardamos ese momento. Por aquello de la espera acordémonos de Aristóteles: “la esperanza es el sueño de los hombres despiertos”.















