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Jesucristo ¿Dios y hombre?
La médula del cristianismo es la persona Jesucristo con sus dos naturalezas verdaderas: Dios y hombre


Por: Pedro García | Fuente: Catholic.net



La pregunta sobre la persona de Jesucristo es, sin duda, el tema más tratado en la historia del mundo. Esto muestra desde el primer momento la importancia de la pregunta. La médula del cristianismo es la persona de Jesucristo con sus dos naturalezas verdaderas: Dios y hombre.

Jesús vino al mundo como hombre, un hombre de verdad. Jesús vio con ojos de hombre, oyó con oidos de hombre, trabajó con manos de hombre, sintió con sentimientos de hombre, lloró con lágrimas de hombre, amó con amor de hombre.

Pero ver a Jesucristo sólo como hombre, es verlo a medias, incompleto, parcial. Es ver poquísimo de Jesucristo, su personalidad, sus enseñanzas, su voluntad, su inteligencia, su trato, etc., desde un simple plano humano. Ver a Jesucristo sólo como hombre, es perderse de lo mejor de Él.

Tenemos varias pruebas de que Jesucristo era realmente Dios, en los Evangelios y en la historia:
 

  • En primer lugar, Jesucristo mismo se presentó como Dios. Toda su vida nos lo muestra con gestos propiamente divinos: los milagros. Los realiza con la única ayuda de su palabra: cura a la suegra de Pedro, calma el viento y las olas, resucita a Lázaro cuando ya olía mal, multiplica los panes y los peces, cura a enfermos y endemoniados, devuelve la vista a los ciegos... ¿será algún hombre capaz de realizar esos actos?
     
  • Una segunda prueba de la divinidad de Cristo, son los miles de mártires que han derramado su sangre confesándolo como verdadero Dios y verdadero hombre. Ningún hombre entrega su vida por un hombre muerto en una cruz hace siglos.
     
  • La tercera prueba es la Iglesia Católica que ha sufrido tantas persecuciones a lo largo de la historia, pero sigue existiendo como la institución más antigua en la historia de la humanidad. ¿Por qué tantas persecuciones, tantos emperadores ambiciosos, tantas calumnias no la han acabado? Y hoy la vemos más floreciente que nunca en un mundo que trata de vivir en contra del Evangelio: sin obediencia, sin sacrificio, sin cruz, sin humildad, sin perdón. Todo esto muestra que la verdadera Iglesia de Cristo tiene un soporte divino.

    En definitiva, quien dice apreciar a Cristo sólo como hombre, es porque no lo conoce bien.



     
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