Espíritu Santo: fuente de todos los carismas
Por: Pbro. Francisco Suárez González | Fuente: Semanario Alégrate

La palabra carisma -que viene del griego “charis” y se traduce por gracia- expresa la realidad de un don gratuito que nos es dado por obra del Espíritu Santo en orden a la edificación de la Iglesia. Sean extraordinarios, sean simples y sencillos, los carismas son siempre gracias del Espíritu Santo que tienen, directa o indirectamente, una utilidad eclesial, ya que están ordenados a la edificación de la Iglesia, al bien de los hombres y a las necesidades del mundo. Estos dones o carismas son la fuente de toda genuina experiencia de unidad. Los carismas pueden ser muchos y muy distintos, aunque todos tienen el mismo origen. Como dice San Pablo: “Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo” (1Cor 12,4). No existe un número determinado de ellos; surgen siempre en función de las necesidades del Pueblo de Dios, por esta razón San Pablo ofrece diversas listas de carismas: Rm 12,6-8ss; 1 Cor 12,8- 10.28-30.
Los documentos del Concilio Vaticano II nos señalan con toda claridad que el Espíritu Santo no sólo santifica y edifica a su Iglesia mediante los sacramentos y los ministros, sino que “también reparte gracias especiales entre los fieles de cualquier estado o condición”. Se trata de edificar el Cuerpo de Cristo en un proceso de distribución de dones que se da dentro de una armonía en medio de la pluralidad y complementariedad de funciones y estados de vida. Todo carisma, explica San Pablo, debe vivirse en unidad y armonía con los restantes carismas (1Tes 5,12.19-21).
La pluralidad y la diversidad de miembros y estilos de vida en la Iglesia es expresión del único Cuerpo de Cristo. Y esta pluralidad es posible y legítima solamente a partir de la unidad del Cuerpo y en cuanto tiende a su unidad. Así pues, la variedad de los carismas no pone en peligro la unidad, antes bien la fortalece. El Espíritu Santo no sólo es principio de permanente renovación en orden a la santidad, sino que es también fundamento de unidad y comunión.
La Iglesia, sabemos bien, es una, santa, católica y apostólica. Al interior de ella se da una rica variedad que contribuye al fortalecimiento de la comunión en la unidad de la fe. Desde la singularidad de cada carisma se construye y fortalece la comunión. La comunión en la Iglesia no es pues uniformidad, sino don del Espíritu que pasa también a través de la variedad de los carismas y de los estados de vida. Éstos serán tanto más útiles a la Iglesia y a su misión, cuanto mayor sea el respeto de su identidad. En efecto, todo don del Espíritu es concedido con objeto de que fructifique para el Señor en el crecimiento de la fraternidad y de la misión. Los carismas se fundamentan en la caridad y tienen a ésta como regla suprema (1Cor 13,2).


















