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Ánimo, hermano que sufres. También a ti te bajarán de la cruz
Los padres de la Iglesia utilizan una imagen muy hermosa al señalar que Jesús toma de la mano a Adán y Eva.


Por: Pbro. José Juan Sánchez Jácome | Fuente: Semanario Alégrate



Betania quedaba cerca de Jerusalén, como a dos kilómetros y medio, dice el evangelio. Pero cuando apremia la presencia del Señor parece una distancia infinita. De la misma forma, Jesús habló del tercer día, pero cuando se ama un día de ausencia es eterno. La idea misma de perder a alguien y de verlo sufrir es insoportable.

La crisis, la tensión y la tristeza del sábado santo alcanza a los cristianos y nos pone a prueba para saber si somos capaces de esperar, si somos capaces de permanecer fieles a las promesas del Señor y a la relación que ha tejido con nosotros.

No son únicamente los no creyentes los que cuestionan y protestan por lo que llaman la ausencia de Dios, ante el mal y la violencia de todos los días. También los cristianos tenemos que afrontar y soportar esta oscuridad, que nos pone ante la tentación de huir y claudicar de la relación con Cristo Jesús.

Cuando reina la muerte, la oscuridad, el odio y la violencia a nuestro alrededor es una bendición que aparezca la luz, el amor y Jesús resucitado que viene a demostrarnos que, como dice el papa Francisco, “ningún mal es infinito, ninguna noche es sin fin, ningún hombre está definitivamente equivocado, ningún odio es invencible ante el amor”.

Pero siempre se necesita que alguien se quede, que alguien mantenga la esperanza cuando todos se van, cuando viene el escándalo, cuando reina la confusión, cuando parece que todo está perdido. Eso hizo María y eso siguen haciendo quienes no dejan de ser luz, aunque aparentemente reine la oscuridad.



Dice el siervo de Dios Leocadio Galán: “Es la hora del poder de las tinieblas, y cada cual ha de aportar la luz que tenga, por muy pequeña que fuese, para alumbrar a este mundo, que se halla enfermo porque está ciego y siente frío”. Y eso hace María y todos los testigos de la fe que a lo largo de la historia sostienen a la humanidad cuando pasa el sábado santo.

Dios no se ha ido, no ha desaparecido de nuestra existencia. Al descender a los infiernos Jesús ha sido capaz, como dice Benedicto XVI, “de entrar en la soledad máxima y absoluta del hombre, a donde no llega ningún rayo de amor, donde reina el abandono total sin ninguna palabra de consuelo: «los infiernos»”.

Esto es precisamente lo que sucede el sábado santo del mundo; es lo que experimentas en tu sábado santo, cuando las tinieblas cubren tu vida. Dice Benedicto XVI: “En el reino de la muerte resonó la voz de Dios. Sucedió lo impensable: es decir, el Amor penetró «en los infiernos»; incluso en la oscuridad máxima de la soledad humana más absoluta podemos escuchar una voz que nos llama y encontrar una mano que nos toma y nos saca afuera”.

Y sobre este artículo de fe, que aparece en el Credo de los apóstoles, sigue reflexionando: “Este descenso del alma de Jesús no debe imaginarse como un viaje geográfico, local, de un continente a otro. Es un viaje del alma. Hay que tener en cuenta que el alma de Jesús siempre está en contacto con el Padre, pero al mismo tiempo, esta alma humana abraza hasta los últimos confines del ser humano. En este sentido baja a las profundidades, hasta los perdidos, hasta todos aquellos que no han alcanzado la meta de sus vidas, y trasciende así los continentes del pasado. Este descenso del Señor a los infiernos significa, sobre todo, que Jesús alcanza también el pasado, que la eficacia de la redención no comienza en el año cero o en el año treinta, sino que llega al pasado, abarca el pasado, a todas las personas de todos los tiempos”.

Los padres de la Iglesia utilizan una imagen muy hermosa al señalar que Jesús toma de la mano a Adán y Eva, es decir a la humanidad, y la encamina hacia adelante, hacia las alturas. Y así crea el acceso a Dios, porque el hombre, por sí mismo, no puede elevarse a la altura de Dios. Jesús desciende a las profundidades del ser humano y a las profundidades del pasado de la humanidad.



Estos días de pascua la Iglesia te anuncia que cuando menos lo esperes será la parte más oscura de la noche en la que aparecerá glorioso y resucitado el Señor Jesús. Como decía Thomas Keating: “El sufrimiento de esperar está en proporción al gozo de la resurrección”.

Que estas palabras de Tonino Bello se conviertan en el principal mensaje de la fiesta de pascua: “Ánimo, hermano que sufres. También a ti te bajarán de la cruz. Faltan pocos instantes para las tres de tu tarde. Dentro de poco, la oscuridad cederá el puesto a la luz, la tierra recuperará sus colores y el sol de la Pascua irrumpirá entre las nubes en fuga”.







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