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“La mujer pecadora siente la mirada misericordiosa del Señor que busca su dignidad”
Examinarnos con coraje y saber recibir esa dignidad que nos devuelve Jesús.


Por: Luis Miguel Modino | Fuente: CELAM



Como alguien que “está ubicada entre la misericordia de Jesús y la violencia de aquellos que le arrojan a la mujer en el medio, cuando él está enseñando en la sinagoga”. Así presenta Mons. Oscar Ojea a la mujer adúltera del Evangelio del V Domingo de Cuaresma.

Piedras en el corazón

Para el presidente del episcopado argentino, “estos hombres tenían piedras en su corazón, piedras con las que querían apedrear a la adúltera, tal era el castigo que merecían estas mujeres: ser apedreadas fuera de la ciudad”. Pero el prelado insiste en que «estos hombres llevaban también otras piedras, piedras para hacerle trampas a Jesús”.

El obispo de San Isidro las define como “piedras escondidas, no les interesaba lo que podía pensar Jesús, les interesaba ponerlo a prueba. Si Jesús decía que había que matarla entonces se ganaba el desprecio del pueblo que lo amaba, si Jesús decía que no había que cumplir la ley entonces quedamos fuera de la ley”.

Violencia que nos domina



Mons. Oscar Ojea se centra en la pregunta que Jesús les hace: “¿qué hacemos con esta mujer?”, afirmando que, al ponerse a escribir en la arena, quiere “ganar tiempo para que cese la impulsividad de estas personas que querían sangre”. Según el prelado argentino, “es tremenda la violencia cuando nos domina, es muy difícil frenarla”. Por ello, afirma que “el Señor se toma su tiempo y dice esta frase que les hace deponer las piedras, esta frase que los desarma: ‘aquel que esté sin pecado que arroje la primera piedra’”.

Desde ahí, el presidente del episcopado argentino critica lo “tremendos somos para juzgar a los demás, para echar las culpas de todo a los demás y como nos pasa continuamente entre nosotros, en nuestro país, la culpa de todo la tiene el otro, la tiene la otra, la tienen los otros”. Una situación que le lleva a denunciar la “falta de coraje para poder aceptar la fragilidad y los errores de uno mismo”, y junto con ello “que poco sabemos entrar dentro de nosotros, somos negadores”.

Miedo de encontrarnos con nuestras verdades

En palabras del obispo, “tenemos miedo de encontrarnos con nuestras verdades”. Por eso, “lo más fácil es maldecir, lo más fácil es acusar al otro de todos los males”. Volviendo al texto, señala que “se van yendo uno por uno dice el Evangelio y quedan frente a frente la miseria y la misericordia de Jesús. Quedan frente a frente la mujer pecadora y Jesús”. En esa situación, Mons. Ojea dice que “ella siente la mirada misericordiosa del Señor que busca su dignidad”. Desde ahí afirma que “el Señor no nos identifica con el pecado, no somos nuestro pecado, podemos pecar, pero no somos eso”.

Frente a eso, el prelado argentino destaca que “el Señor rescata nuestra dignidad: ‘¿alguien te ha condenado mujer? Yo tampoco te condeno, vete, y en adelante no peques más’. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Este es el Evangelio que nos refleja esta verdad”.



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Finalmente, pide “que el Señor nos enseñe en este tiempo a saber mirarnos a nosotros mismos, examinarnos con coraje y saber recibir esa dignidad que nos devuelve Jesús cuando emplea con nosotros su misericordia”.







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