La muerte ha sido aniquilada
Por: Pbro. Francisco Ontiveros Gutiérrez | Fuente: Semanario Alégrate

Destinados a la gloria
Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe (1 Co 15,14). Nuestra fe hunde sus raíces y cobra nuevos bríos precisamente en la vida que Jesús nos ha mostrado, una vida que, si bien es eterna, comienza entre nosotros con su Encarnación, es sometida al poder de los malvados lo que le trae a Jesús una serie de padecimientos inenarrables, hasta que, finalmente muere en el suplicio de la Cruz, para, sólo tres días después, levantarse del sepulcro como el Señor y Dador de Vida. Dando así acceso a esa vida que no se termina con la muerte, sino que, a partir de ella entra por fin en la vida gloriosa a la que todos estamos destinados.
Siempre vivos y resurgiendo
¿A qué estamos invitados a resucitar?, la resurrección se comprende de cara al misterio indecible de la muerte. Si bien es cierto que la muerte configura un misterio muy grande y difícil de comprender, más lo es la Resurrección, pues ésta se dice en referencia de la muerte. Jesús nos ha dado ejemplo para que lo que Él ha hecho, lo hagamos también nosotros que nos decimos discípulos del verdadero y único Maestro. Entonces, ¡estamos llamados a resurgir de todas las distintas formas de muerte que nos someten!, y que tanto daño siembran en nuestros ambientes. Pero, esta resurrección no la alcanzamos por nuestras propias fuerzas, es un don que Dios nos ofrece, pero también es tarea cristiana.
Pregustando distintas resurrecciones
La resurrección de Jesús es la llamada para cada uno de nosotros a levantarnos de todo aquello que nos tiene postrados a orillas del camino, como si estuviéramos muertos, ¡sin estarlo en realidad!, los odios, las rencillas, las divisiones, las discordias. En fin, las formas muy estrechas de vivir y expresar nuestra fe. Si Jesús rompió las ataduras de la muerte no sólo lo ha hecho para sí; lo ha hecho para que todos tengamos acceso a esa vida en abundancia que nos comunica con su resurrección. Sí nuestro Señor Jesucristo, el Señor de la vida, ha venido de nuevo a la vida y lo ha hecho con una vida distinta. De tal modo que, así como Él ha abierto una nueva forma de comunicación con Dios, así nosotros estamos invitados a ser constructores de nuevas relaciones con el Dios de la vida; a ser los cristianos de la pascua, de la vida, de la victoria, que caminan firmes a la plenitud de la vida.
Firmes y constantes
Esta realidad, el don que Dios nos ofrece de destinarnos a la vida luego de pasar por este mundo, nos da la posibilidad de pasar nuestros días por la tierra seguros de que estamos destinados a la gloria. Vivimos, por tanto, como redimidos, con la conciencia de que el Señor nos ha salvado. Esta certeza es la que nos da la posibilidad de vivir sabiéndonos muy amados por Dios y de estar firmes, constantes y esperanzados, trabajando con gozo en la obra de Cristo


















