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La ministerialidad en la Iglesia
Un proverbio afirma: de nada sirve correr muy rápido si se va en la senda equivocada.


Por: Pbro. Silverio Sánchez Hernández | Fuente: Semanario Alégrate



La Iglesia la constituyen todos los bautizados, que somos el nuevo pueblo que el Señor ha elegido para seguir realizando su obra de salvación en la tierra. En el seno de la Trinidad, en esa perfecta comunidad integrada por el Padre, el Hijo y el Espíritu, tiene lugar la Iglesia: el llamado para que los hombres vivieran en comunidad. Ser Iglesia es ser samaritano, hermano, compañero de camino; es salir al encuentro.

Corresponde al Hijo realizar el plan de salvación de su Padre, en la plenitud de los tiempos; ése es el motivo de su misión (CIC 763). Por eso, en el discurso de Nuestro Señor Jesucristo son muchas las referencias a que la misión que Él realiza consiste en cumplir con el encargo que su Padre le ha confiado. Por esta razón el Señor Jesús comenzó su Iglesia con el anuncio de la Buena Noticia, es decir, la llegada del Reino de Dios prometido en las escrituras desde siglos atrás (LG 5).

Es muy sincera y honesta la pregunta sobre el nacimiento de la Iglesia. La Iglesia ha nacido, principalmente del don total de Cristo por nuestra salvación (CatIC 766). Esto quiere decir que nuestro Señor ha venido a comunicarnos la salvación, para ello Él se ha entregado como sacrificio para que nuestra salvación fuera posible. Como afirma san Ambrosio: del mismo modo que Eva fue formada del costado de Adán adormecido, así la Iglesia nació del corazón traspasado de Cristo muerto en la Cruz. Así como decimos que el resultado del profundo sueño de Adán fue Eva, de igual modo del sueño profundo de Cristo, nació la Iglesia. ¡Cristo la ha soñado!

Un proverbio afirma: de nada sirve correr muy rápido si se va en la senda equivocada. Esta profundísima sabiduría nos anima ahora a nosotros que alcanzamos a comprender que el Padre le ha encargado una misión al Hijo, para realizarla éste se ha entregado como un don, de este sacrificio nació la Iglesia, y que, para realizar esta misión el Espíritu Santo construye y dirige a la Iglesia con diversos dones jerárquicos y carismáticos (CatIC 768). Si la Iglesia somos los bautizados, ¿en qué estriba nuestra misión? ¡Nuestra misión es ser instrumento de Cristo!, esto es, que a través de la Iglesia Cristo manifiesta y realiza el misterio de amor de Dios al hombre (CIC 776). Sin embargo, por la humanidad de quienes integramos la Iglesia, estamos invitados a orar con insistencia para que seamos en verdad el sueño que Jesús ha proyectado, para que construyamos la civilización del amor siendo esa Iglesia samaritana.







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