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El que quiera ser grande
Jesús puso como condición a sus discípulos que renunciaran a sí mismos.


Por: Mons. José Trinidad Zapata Ortiz | Fuente: Alégrate



Jesús y sus discípulos caminaban hacia Jerusalén, pero el interés de él y el de ellos era muy diferente. Como lo ha anunciado Jesús en dos ocasiones, el Hijo del hombre sufrirá mucho, será entregado, lo matarán, pero resucitará al tercer día (cfr. Mc 8, 31-32; 9, 30-31). Los discípulos, por el contrario, se imaginaban que Jesús iba a tomar posesión de la ciudad de David y se iba a proclamar rey. Pensando en esto, Santiago y Juan piden a Jesús: “Concede que nos sentemos, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria”.

Hay que poner atención a la pregunta de Jesús: “¿Qué es lo que desean?” porque es la misma que hará, El que quiera ser grande más adelante, al ciego Bartimeo: “¿Qué quieres que haga por ti?” (Mc 10, 51). Ellos quieren estar uno a la derecha y otro a la izquierda en su gloria, pero entienden por esto la gloria terrena del Hijo de Dios. La verdad es que Jesús camina a la gloria del Padre, pero para eso pasará por la pasión y la cruz. Ellos quieren ser de los primeros en el reino terrenal, Jesús va a pasar por Jerusalén hasta llegar al Reino eterno. Total que la lucha sobre: “Quién era el mayor” (Mc 9, 34) no ha terminado, incluso más adelante parece que se recrudece.

Les dice Jesús: “No saben lo que piden. ¿Podrán pasar la prueba que yo voy a pasar y recibir el bautismo con que seré bautizado? Le respondieron: “Sí podemos”. Y Jesús les confirma que sí serán identificados con él en el martirio. No los ha llamado por tener buenas intenciones, sino porque, pasando por la misma prueba, estarán con él después en el Reino. Pero eso de sentarse a la derecha o a la izquierda es para quién está reservado. El evangelio muestra que se puede estar materialmente cerca de Jesús, en su seguimiento, pero lejos de su corazón; pero, al fin y al cabo, de camino por medio de la gracia, al verdadero Reino eterno.

Como sucede con Pedro en la pasión que, personificando a los discípulos, dice que no negará al Señor, así también aquí, Santiago y Juan encarnan los proyectos equivocados de todo el grupo. En ese sentido, el evangelio dice expresamente que: “Cuando los otros diez apóstoles oyeron esto se indignaron contra Santiago y Juan”. ¡Está claro que ambicionaban también lo mismo! Nadie se enoja porque otro se haga pequeño, o porque escoja el último lugar; pero si se trata del primer lugar en este mundo, muchos quieren estar en él. Antes ya habían discutido sobre quién de ellos sería el mayor (cfr. 9, 34), aquí los otros apóstoles se enojan porque Santiago y Juan se les quieren adelantar obteniendo los primeros puestos.

Jesús aprovecha para una enseñanza: “Ya saben que los jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños y los poderosos las oprimen. Pero no debe ser así entre ustedes. Al contrario: el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor”. El camino para ser grande es el servicio. En este sentido escribió el poeta Rabindranath Tagore: “Yo dormía y soñé que la vida era alegría. Me desperté y vi que la vida era servicio. Serví y comprendí que en el servicio se encuentra alegría”.



Hermanos, al principio del camino, Jesús puso como condición a sus discípulos que renunciaran a sí mismos (cfr. Mc 8, 34-38). Después del segundo anuncio de la pasión, los discípulos, discutían sobre quién de ellos sería el mayor (cfr. Mc 9, 33-37). Aquí se concluye que el más grande será el que se haga el servidor y el esclavo de todos, como Jesús: “Que no ha venido a que lo sirvan, sino a servir y a dar su vida por la redención de todos”. Esto no es nada fácil, pero Jesús, que llama, ayuda con su gracia. Sigámoslo y ¡que así sea!







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