Menu


«¿Donde vamos a comprar panes para que coman éstos?»
Reflexión del domingo XVII del Tiempo Ordinario Ciclo B


Por: Roque Pérez Ribero | Fuente: Catholic.net



«Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: "¿Donde vamos a comprar panes para que coman éstos?". Se lo decía para probarle, porque Él sabía lo que iba a hacer» (Jn 6,5-6).

En este domingo del Tiempo Ordinario nos regala el Señor a través de la Iglesia una Palabra que nos invita a la confianza y al abandono en Él, que como Padre bueno, nos quiere y no nos abandona. Tal y como dirá San Pablo: «Sé bien de quién me he fiado» (2 Tim 1,12), y como se nos dice en el salmo 34: «Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el hombre que se refugia en Él».

Porque verdaderamente el Señor hoy nos invita a gustar de su bondad y magnanimidad, que supera con creces los límites que tenemos los seres humanos. Me llama la atención del pasaje del Evangelio de hoy la actitud de Jesús hacia sus discípulos, concretamente hacia Felipe. Jesús le pregunta, tal y como se nos dice en el evangelio, «para probarle, porque Él sabía lo que iba a hacer» (Jn 6,6). Jesucristo pone a prueba a sus discípulos.

Uno querría vivir la fe de forma pausada, tranquila, aburguesada, sin tentaciones, etc.., pero la fe necesita ser probada, tal y como nos lo dice San Pedro: «Por lo cual rebosáis de alegría, aunque sea preciso que todavía por algún tiempo seáis afligidos con diversas pruebas, a fin de que la calidad probada de vuestra fe, más preciosa que el oro perecedero que es probado por el fuego, se convierta en motivo de alabanza, de gloria y de honor, en la Revelación de Jesucristo» (1 Pe 1,6-7).

Rezando con el pasaje del evangelio de hoy hace que venga a mi mente y a mi corazón otro pasaje del evangelio que se proclamó hace algunos domingos, en el que los discípulos están en una barca con Cristo, hay una tormenta y Cristo duerme, por lo que los discípulos se asustan y gritan a Jesús llenos de angustia. La respuesta de Cristo ante los gritos de sus discípulos es clara y tajante: «Acercándose ellos le despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!» Díceles: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?» (Mt 8,25-26).



Cuando en la vida aparecen momentos oscuros, momentos en los que vemos que perecemos, el Señor nos invita a tener fe, porque tal y como dice el profeta Habacuc: «He aquí que sucumbe quien no tiene el alma recta, mas el justo vivirá por su fe» (Hab 2,4). Así, nos es de gran ayuda lo que dice el Salmo 34: «Muchas son las pruebas que le esperan al justo, pero de todas le libra el Señor; gritan ellos, y el Señor les escucha, y los libra de todas sus angustias» (Sal 34,20.18).

Actualmente estoy viviendo una prueba en la que el Señor me invita a vivir de la fe, teniendo presente las palabras que rezamos en el versículo del Salmo Responsorial: «Abres Tú la mano, Señor, y sacias de favores a todo viviente» (Sal 144,16), tal y como les sucedió a los discípulos y a los que seguían a Cristo en el pasaje del evangelio de hoy, teniendo presente que Dios es Padre y que provee.

Tener fe es algo más que tener una capacidad para aceptar o afrontar la voluntad de Dios, la realidad de la vida. Con fe, además, es como Dios te escucha en la oración y puede transformar la realidad si es necesario y conveniente para uno. Dirá Jesús: «Yo os aseguro: si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: "Desplázate de aquí allá", y se desplazará, y nada os será imposible» (Mt 17,20); «No temas. Solamente ten fe» (Mc 5,36).

Viene a mi mente ahora una anécdota que leí una vez del Santo cura de Ars, que reunió a sus feligreses para pedirle a Dios que lloviese ante la sequía que estaban viviendo. Al ver a sus feligreses, les hace una recriminación: «¿Cómo es que venís a pedir que llueva y no traéis el paraguas, hombres de poca fe?».

Por tanto, personalmente a mí me ayuda mucho la Palabra que nos regala el Señor en este domingo a vivir de la fe, a vivir lo que el mismo Jesucristo dirá en el Sermón de la Montaña: «Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? Y del vestido, ¿por qué preocuparos?



Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.

Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal» (Mt 6,25-34). Y, como dice San Pablo: «Porque el Hijo de Dios, Cristo Jesús, a quien os predicamos Silvano, Timoteo y yo, no fue sí y no; en él no hubo más que sí» (2 Co 1,19). Feliz domingo.







Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |