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María conservaba en su corazón todas aquellas cosas
Meditación al Evangelio 12 de junio de 2021 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Después de haber celebrado ayer la fiesta del corazón de Jesús y habernos acercado a palpar su amor, hoy se nos propone acercarnos a María. ¿Qué hay en el corazón de María? ¿Qué hay en el corazón de una madre? La respuesta que hoy obtiene de su hijo, perdido, nos ayudará a comprender qué significó para María ser la madre de Jesús y que significa ser nuestra madre.

Jesús en sus palabras manifiesta por primera vez la relación especial que tiene con su Padre Dios y cómo su vida entera está centrada en cumplir su voluntad. Seguramente a María le causarían extrañeza estas palabras, pero no están lejos de la respuesta valiente y confiada que ella misma dio al ángel Gabriel asumiendo su misión como madre del Salvador: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

Disponibilidad total de María, del mismo modo que ahora Jesús manifiesta su disponibilidad total para cumplir la voluntad de su Padre. Y esto es lo que va guardando María en su corazón, y esto es lo que le va dando vida y sentido a su caminar. Son muchos los momentos en que tendrá que recurrir al silencio, a la reflexión y a aceptar en su corazón la voluntad de Dios, con alegría, con disponibilidad y con servicio.

“Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”, dirá en otra ocasión Jesús queriendo alabar a María más que por su maternidad, por su fidelidad a la palabra. Y, cuando ha asumido junto con Jesús el camino de la cruz, también recibe el encargo último como herencia e intercambio: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Es la petición del hijo que muere para que el amor de madre se extienda a todos los hermanos.

¿Qué hay en el corazón de María? Fidelidad a la palabra, servicio sin condiciones al necesitado, atención a las carencias de los hermanos, obediencia al impulso del Espíritu y un amor incondicional a cada uno de sus hijos. Hoy a cada uno de nosotros nos dice Jesús: “Hijo, ahí tienes a tu madre”. Acerquémonos con confianza, pongamos nuestros dolores, nuestras dudas y nuestras miserias, en este corazón amoroso. Imitemos la actitud de María, valiente, decidida, con un corazón lleno de amor.










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