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Aborto y tensiones sociales
Toda sociedad auténticamente sana trabajará por la tutela de la vida de todos


Por: P. Fernando Pascual, LC | Fuente: Catholic.net



Hay temas que tocan aspectos fundamentales en la vida social y que ponen en evidencia modos contrapuestos de entender los derechos fundamentales.

Entre esos temas, el aborto suele generar debates muy encendidos, y, en ocasiones, algunas personas llegan a comportamientos y acciones violentas.

Frente a las tensiones sociales y a la eventual violencia que se produce en los debates sobre el aborto, es necesario una condena decidida: nunca se puede defender una idea a través de acciones injustas contra los que piensan de otra manera.

Pero de un modo paradójico, condenar la violencia en este debate sería algo incompleto si se dejase de lado un punto fundamental: lo que ocurre en cada aborto.

Porque el aborto procurado (llamado, por algunos, interrupción voluntaria del embarazo) implica ir contra la vida de uno de los seres humanos más débiles e indefensos: el hijo en el seno materno.



Por eso, quienes rechazan y condenan ciertas violencias que ocurren en el contexto de las discusiones sobre el aborto, faltarían a la coherencia si no condenasen la violencia que es característica de todo aborto procurado.

Quienes defienden el aborto, como es obvio, no considerarán que en cada aborto se produce un acto violento, y buscarán fijarse solo en las violencias que los adultos cometen sobre quienes ya tienen derechos reconocidos.

Sin embargo, basta con mirar simplemente los hechos que se producen en cada aborto provocado y el modo con el cual se elimina una vida humana, para que salte a la vista la intención intrínseca de la intervención abortista: terminar con una vida humana no deseada.

Tal vez, para no incurrir en una extraña paradoja, tendríamos que comprender que el debate sobre el aborto está llamado a desaparecer, con todas las tensiones sociales que provoca, cuando simplemente llamemos al aborto por lo que es: el asesinato de un inocente.

Entonces el debate quedará reducido al mínimo, pues todos aquellos que aman la justicia y defienden los derechos humanos fundamentales, entre los que se encuentra el derecho a la vida, abrirán los ojos ante la gravedad del aborto, y serán muy pocos los que todavía lo defiendan.



Lo cual, es de esperar, terminará casi por completo con un debate absurdo, porque toda sociedad auténticamente sana trabajará por la tutela de la vida de todos, también de quienes han empezado a existir como parte de la familia humana desde el momento de la concepción.







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