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El "relativismo de los bienes" en Aristóteles
Necesito pedir luz a Dios para no escoger según apariencias ni egoísmos.


Por: P. Fernando Pascual, LC | Fuente: Catholic.net



Nos parece natural que lo bueno sea bueno para todos. Pero ocurre muchas veces que algo bueno en sí produzca resultados malos para algunos.

Es bueno encontrar un asiento en la sala de espera del hospital, pero si resulta que al lado había algo que nos contagió con un virus indeseado, algo salió mal.

Es bueno beber agua en abundancia, pero hay días concretos en los que esa abundancia puede dañar a algunas personas.

La lista de ejemplos podría ser mucho más larga, pero muestra algo sumamente sencillo: no basta que algo sea bueno en sí, lo importante es que sea bueno para mí, ahora, en esta situación de mi vida.

Ya Aristóteles se había fijado en este fenómeno: hay ocasiones en las que la salud, o el dinero, se convierten para uno mismo o para otros en fuente de males.



En ese sentido, se puede hablar de un “relativismo de los bienes” en Aristóteles. Porque lo importante es que cada bien concreto, sea material, sea espiritual, entre en la propia vida del modo adecuado y según el contexto presente.

Por eso ya los griegos enseñaban que no basta pedir a los dioses que nos proporcionen esto o lo otro, sino que nos concedan esos favores solo si van a resultar para nuestro provecho.

La complejidad de la vida nos permite descubrir que muchas cosas consideradas como bienes no nos ayudaron, y que otras vistas como males, empiezan a convertirse en caminos hacia la mejora personal.

Así, no solo habría un relativismo de los bienes, sino también un relativismo de los males, cuando esta enfermedad o esta deuda llevan a una persona a romper con su egoísmo y su soberbia, y le ayudan a abrir los ojos a las necesidades de los demás.

Este día encontraré situaciones y objetos que me podrán parecen buenos o malos. Al tomar mis decisiones, necesito pedir luz a Dios para no escoger según apariencias ni egoísmos, sino según el único deseo de alcanzar, al tomar o dejar cualquier cosa, una mayor apertura interior para amar a mi Creador y Padre, y para servir alegremente a mis hermanos.









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