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Escatología

9. Irrepetibilidad y unicidad de la vida humana.
La esperanza cristiana de la resurrección.


Por: Comisión Teológica Internacional | Fuente: Comisión Teológica Internacional




Irrepetibilidad y unicidad de la vida humana. Los problemas de la reencarnación

9.1. Con la palabra «reencarnación» (o también con otras equivalentes como los términos griegos ìåôåìøý÷ùóéò o ìåôåvóùìÜôùóéò) se denomina a una doctrina que sostiene que el alma humana después de la muerte asume otro cuerpo, y de este modo se encarna de nuevo. Se trata de una concepción nacida en el paganismo, que por contradecir completamente a la Sagrada Escritura y a la tradición de la Iglesia, ha sido siempre rechazada por la fe y la teología cristianas(594).

La «reencarnación» se difunde hoy ampliamente en el mundo, también en el occidental y entre muchísimos que se autodenominan cristianos. Muchos medios de comunicación la proclaman. Además cada día se hace más fuerte el influjo de las religiones y filosofías orientales que mantienen la reencarnación; a este influjo parece que hay que atribuir el aumento de mentalidad sincretista. La facilidad con que muchos aceptan la reencarnación, quizás se deba en parte a una reacción espontánea e instintiva contra el creciente materialismo. En el modo de pensar de muchos hombres de nuestro tiempo, esta vida terrena se percibe como demasiado breve para poder realizar en ella todas las posibilidades de un hombre o para que puedan superarse o corregirse los defectos cometidos en ella.

La fe católica ofrece una respuesta plena a este modo de pensar. Es verdad que la vida humana es demasiado breve para que se superen y corrijan los defectos cometidos en ella; pero la purificación escatológica será perfecta. Tampoco es posible realizar todas las virtualidades de un hombre en el tiempo tan breve de una sola vida terrestre; pero la resurrección final gloriosa llevará al hombre a un estado que supera todo deseo suyo.

9.2. Sin que sea posible exponer aquí separadamente todos los aspectos con que los diversos reencarnacionistas exponen su sistema, la tendencia de reencarnacionismo, prevalente hoy en el mundo occidental, se puede reducir sintéticamente a cuatro puntos(595).

9.2.1. Existen muchas existencias terrestres. Nuestra vida actual ni es nuestra primera existencia corporal ni será la última. Ya vivimos anteriormente y viviremos todavía repetidamente en cuerpos materiales siempre nuevos.

9.2.2. Hay una ley en la naturaleza que impulsa a un continuo progreso hacia la perfección. Esta misma ley conduce las almas a vidas siempre nuevas y no permite retroceso alguno, más aún tampoco una parada definitiva. A fortiori se excluye un estado definitivo de condenación sin fin. Después de más o menos siglos, todos llegarán a la perfección final de un puro espíritu (negación del infierno).

9.2.3. La meta final se obtiene por los propios méritos. En cada nueva existencia, el alma progresa en la medida de sus propios esfuerzos. Todo mal cometido se reparará con expiaciones personales, que el propio espíritu padece en encarnaciones nuevas y difíciles (negación de la redención).

9.2.4. En la medida en que el alma progresa hacia la perfección final, asumirá en sus nuevas encarnaciones, un cuerpo cada vez menos material. En este sentido, el alma tiene tendencia a una definitiva independencia del cuerpo. Por este camino, el alma llegará a un estado definitivo en el que finalmente vivirá siempre libre del cuerpo e independiente de la materia (negación de la resurrección).

9.3. Estos cuatro elementos que constituyen la antropología reencarnacionista, contradicen a las afirmaciones centrales de la revelación cristiana. No es necesario insistir ulteriormente en su diversidad con respecto a la antropología característicamente cristiana. El cristianismo defiende una dualidad, la reencarnación un dualismo, en el que el cuerpo es un mero instrumento del alma que se abandona después de cada existencia terrena para tomar otro completamente diverso. En el campo escatológico, el reencarnacionismo rechaza la posibilidad de una condenación eterna y la idea de resurrección de la carne.

Pero su principal error consiste en la negación de la soteriología cristiana. El alma se salva por su esfuerzo. De este modo, mantiene una soteriología auto-redentora, completamente opuesta a la soteriología hétero-redentora cristiana. Ahora bien, si se suprime la hétero-redención, no puede ya hablarse, en modo alguno, de Cristo Redentor. El núcleo de la soteriología del Nuevo Testamento se contiene en estas palabras: Dios «nos agració en el Amado. En él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia que ha prodigado sobre nosotros» (Ef 1, 6-8). Con este punto central está en pie o cae toda la doctrina sobre la Iglesia, los sacramentos y la gracia. Así es evidente la gravedad de las doctrinas implicadas en esta cuestión, y se entiende con facilidad que el magisterio de la Iglesia haya rechazado este sistema con el nombre de teosofismo(596).

Con respecto al punto específico, afirmado por los reencarnacionistas, de la repetibilidad de la vida humana, es conocida la afirmación de la carta a los Hebreos 9, 27: «está establecido que los hombres mueran una sola vez, y luego el juicio». El Concilio Vaticano II citaba este texto para enseñar que el curso de nuestra vida terrestre es único(597).

En el fenómeno del reencarnacionismo quizás se manifiestan ciertas aspiraciones de librarse del materialismo. Sin embargo, esta dimensión de movimiento «espiritualista» no permite en modo alguno ocultar cuánto contradice el reencarnacionismo al mensaje evangélico.



 



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