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El verdadero campo de batalla es tu corazón
¡Cuántas enemistades en las familias, cuántas!


Por: Francisco Mario Morales | Fuente: Catholic.net



También Jesús vivió en tiempos de violencia. Él enseño que el verdadero campo de batalla, en el que se enfrentan la violencia y la paz, es el corazón humano, “Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos (Mc 7, 21), Pero el mensaje de Cristo, ante esta realidad, ofrece una respuesta radicalmente positiva: Él predicó incansablemente el amor incondicional de Dios que acoge y perdona, y enseñó a sus discípulos a amar a los enemigos (cf Mt 5, 44) y a poner la otra mejilla (cf. Mt 5, 38). Cuando impidió que la adultera fuera lapidada por sus acusadores (cf. Jn 8, 1 -11) y cuando la noche antes de morir, dijo a Pedro que envainara su espada (cd. Mt 25,52), Jesús trazó el camino de la no violencia, que siguió hasta el final, hasta la cruz, mediante la cual construyó la paz y destruyó la enemistad (cf. Ef. 2, 14 – 16). Por esto, quien acoge la Buena Noticia de Jesús, reconoce su propia violencia y se deja curar por la misericordia de Dios, convirtiéndose a su vez en instrumento de reconciliación, según la exhortación de san Francisco de Asís: “Que la paz que anunciáis de palabra la tengáis, y mayor media, en vuestros corazones”.(1)

La infelicidad de los vengativos
Si nosotros vivimos según la ley “ojo por ojo, diente por diente”, nunca saldremos de la espiral del mal. El maligno es listo, y nos hace creer que con nuestra justicia humana podemos salvarnos y salvar al mundo. En realidad, sólo la justicia de Dios nos puede salvar. Y la justicia de Dios se ha revelado en la Cruz; la Cruz es el juicio de Dios sobre todos nosotros y sobre este mundo ¿Pero cómo nos juzga Dios? ¡Dando la vida por nosotros! He aquí el acto supremo de justicia que ha vencido de una vez por todas al Príncipe de este mundo; y este acto supremo de justicia es precisamente también el acto supremo de la misericordia. Jesús nos llama a todos a seguir este camino “Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso” (Lc. 6, 36). Os pido algo, ahora. En silencio, todos, pensemos…que cada uno piense en una persona con la que no estamos bien, con la que estamos enfadados, a la que no queremos. Pensemos en esa persona y en silencio, en este momento oremos por esa persona, y seamos misericordiosos con esa persona.(2)

También el enemigo es una persona humana
“Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persiguen” (Mt. 6, 44). Y esto no es fácil. Esta palabra no debe ser entendida como aprobación del mal realizado por el enemigo, sino como invitación a una perspectiva superior, a perspectiva magnánima, parecida a la del Padre celeste, el cual – dice Jesús – “hace surgir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos” (v.45). También el enemigo, de hecho, es una persona humana, creada como tal a imagen de Dios, si bien en el presente esta imagen se ve ofuscada por una conducta indigna.

Cuando hablamos de “enemigos” no tenemos que pensar en quien sabe qué personas diferentes y alejadas de nosotros; hablamos también de nosotros mismos, que podemos entrar en conflicto con nuestro prójimo, a veces con nuestros familiares. ¡Cuántas enemistades en las familias, cuántas! Pensemos en esto. Enemigos son también aquello que hablan mal de nosotros, porque nos calumnian y nos tratan injustamente. Y no es fácil digerir esto. A todos ellos estamos llamados a responder con el bien, que también tiene sus estrategias, inspiradas en el amor.(3)

Bibliografía 
(1) Papa Francisco, “La felicidad en esta vida” Mensaje para la jornada de la paz, 2017.
(2) Papa Francisco, “La felicidad en esta vida” Ángelus, 15 de septiembre de 2013.
(3) Papa Francisco, “La felicidad en esta vida” Ángelus, 19 de febrero de 2017.









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