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8 de agosto de 2020

Instrumento de Dios y la fe
Santo Evangelio según san Mateo 17, 14-20. Sábado XVIII del Tiempo Ordinario


Por: Jorge Leaños, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, Tú que conoces mi vida, ayúdame a crecer en mi fe porque la necesito en cada momento. Te pido que me des tu gracia para ver las cosas como Tú las ves y que me ponga a actuar de acuerdo a lo que me inspiras.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 17, 14-20

En aquel tiempo, al llegar Jesús a donde estaba la multitud, se le acercó un hombre, que se puso de rodillas y le dijo: "Señor, ten compasión de mi hijo. Le dan ataques terribles. Unas veces se cae en la lumbre y otras muchas, en el agua. Se lo traje a tus discípulos, pero no han podido curarlo".

Entonces Jesús exclamó: "¿Hasta cuándo estaré con esta gente incrédula y perversa? ¿Hasta cuándo tendré que aguantarla? Tráiganme aquí al muchacho". Jesús ordenó al demonio que saliera del muchacho, y desde ese momento éste quedó sano.

Después, al quedarse solos con Jesús, los discípulos le preguntaron: "¿Por qué nosotros no pudimos echar fuera a ese demonio?". Les respondió Jesús: "Porque les falta fe. Pues yo les aseguro que si ustedes tuvieran fe al menos del tamaño de una semilla de mostaza, podrían decirle a ese monte: 'Trasládate de aquí para allá', y el monte se trasladaría. Entonces nada sería imposible para ustedes".

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Todos queremos ser importantes, ser reconocidos, es un deseo que todos tenemos en el corazón. Cuando podemos ayudar a alguien nos sentimos bien por haber hecho algo bueno, y cuando ayudamos a una persona a acercarse a Dios nos podemos sentir como las personas más importantes, pero no podemos perder de vista quién es verdaderamente importante porque nosotros somos solamente instrumentos.

Dios sabe cuándo salir al encuentro de las personas necesitadas. En una ocasión, visitando una biblioteca, me encontré con una señora que al inicio me preguntó quién era porque notaba que tenía algo especial. Sin más le dije que era seminarista y me comenzó a contar su vida que había sido un poco difícil por las relaciones que tuvo. Le aseguré mis oraciones y fue un pequeño momento de gracia porque se puso muy feliz de que la tuviera presente en mis oraciones. Puede ser que Dios no responda al primer momento o que, por cualquier motivo que no es comprensible, no lo haga cuando yo quiero, pero Dios tiene sus tiempos, solo necesitamos estar abiertos a su plan.

La fe es un don, pero nosotros también debemos poner nuestro esfuerzo porque es un cincuenta y cincuenta. La gracia de Dios nos ayuda a creer y poder actuar pues, como dice el evangelio, por la fe se pueden mover hasta las montañas. Es una prueba de que cada uno de nosotros y Dios hacemos un buen equipo, que podemos hacer grandes cosas y milagros, solo tenemos que decirle sí a Dios para ser parte de su equipo.

«Jesús responde con dos imágenes: el grano de mostaza y el siervo disponible. “Si tuvierais fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro: Arráncate y plántate en el mar, y os habría obedecido”. La morera es un árbol fuerte, bien arraigado en la tierra y resistente a los vientos. Jesús, por tanto, quiere hacer comprender que la fe, aunque sea pequeña, puede tener la fuerza para arrancar incluso una morera; y luego trasplantarla al mar, lo cual es algo aún más improbable: pero nada es imposible para los que tienen fe, porque no se apoyan en sus propias fuerzas, sino en Dios, que lo puede todo».
(Homilía de S.S. Francisco, 6 de octubre de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Pedirle a Dios, de manera especial, que cure a los niños que sufren enfermedades crónicas.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.




Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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