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Muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos
Meditación al Evangelio 27 de junio de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Cuando todo parece está oscuro y se presentan signos de tormentas, ¿Qué nos podrá sostener en medio de la tempestad? Seguramente serán el espíritu de fe, una plena confianza en Dios. Debemos ponernos plenamente en sus manos, no volver a confiar en nuestras propias fuerzas, no caminar sin su guía, a pesar del aparente precio que tengamos que pagar.

Es la fe que hoy nos muestra el oficial romano frente a la enfermedad de su criado. Ya es una gran señal que un oficial se ocupe de sus subordinados, además se necesitará una fe muy firme para “rebajarse” a suplicar que un nazareno cualquiera vaya a curarlo, pero además la narración de San Mateo, nos hace admirar más esta fe porque no sólo confía en sus poderes curativos, sino tiene una gran seguridad en la Palabra que Él diga.

Las palabras que dice el oficial, se han convertido en las palabras que en la Eucaristía presentamos para que Cristo venga a nuestro corazón. No somos dignos de que entre en la casa, pero con su palabra quedaremos sanos. Con mucha insistencia el Papa Francisco ha pedido  a los sacerdotes y a todos los fieles, la conversión de cada uno en el misterio que se celebra: “sean lo que celebran”.

Es decir, sean Eucarística, sean presencia, sean sanación, sean vida. Pero esto será posible solamente si tenemos esa fe como la del oficial romano. Retomemos hoy estas palabras y permitamos que se aniden en nuestro interior: pedir que venga el Señor y que todo será sano, no porque seamos dignos, sino porque Él nos ama tanto que es capaz de hacernos morada suya.  Tenemos que redescubrir este sentido y acercarnos cada día a la Eucaristía con estos sentimientos, con la certeza de que Él podrá sanarnos y con la firme convicción que nos convertiremos en su morada.

Después, la Eucaristía no termina con la bendición del sacerdote, inicia su cumplimiento para llevar salvación a todos los que se encuentran con nosotros. Nuestras manos, nuestros ojos, nuestros pies, deberán reflejar que somos presencia, morada, de Jesús hecho pan. Debemos nosotros mismos transformarnos en pan vivo que alimenta, que comparte, que une. ¿Cómo vivimos nosotros la Eucaristía?










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