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4 lecciones de san José para ser un buen padre
Todo padre de familia tiene un excelente ejemplo de paternidad.


Fuente: Desde la Fe



Todos nacemos en familia, y la familia por excelencia es la Sagrada Familia, compuesta por San José, la Virgen María y Jesús.

San José es un excelente ejemplo de paternidad porque supo cumplir su misión de acoger a María y a su Hijo con humildad, servicio, trabajo, caridad, fe y entrega a la misión.

Te presentamos cuatro lecciones que todo padre puede aprender de san José:

1. Sé ejemplo, no dueño, de tus hijos
San José fue un padre de familia humilde, es decir, reconoció que su papel era guiar, encaminar y ser modelo de vida para su hijo, para Jesús. Un padre de familia debe saber que los hijos no son de su propiedad, que no debe trabajar para ellos o vivir para ellos, sino que debe vivir su vida para ser el mejor ejemplo de vida que puedan tener. Esa es la humildad en la paternidad, saber que no se es dueño, sino ejemplo. Si cambiamos ese punto de vista y vivimos la humildad podremos, ser mejores padres de familia a ejemplo de San José.

2. Dedica tu vida al servicio y al trabajo
El servicio y el trabajo también son virtudes que se reflejan en un padre de familia, porque se trabaja en servicio para la familia, y como ejemplo para que los hijos puedan aprender el valor del trabajo y el servicio. San José lo sabía, por eso se dedicó toda su vida a la carpintería, un trabajo noble y que le mostró a Jesús el camino de la dedicación, del trabajo y del servicio.



3. Ama desinteresadamente a tu familia
Su caridad se centró en el amor desinteresado a su familia, y ese amor desinteresado se basó en la búsqueda del bien y el crecimiento de María y Jesús. El amor en un padre de familia debe ser desinteresado como el de san José, dedicándose al crecimiento de todos, dándoles a cada uno el mismo amor, sin preferencias.

4. Cree que tu vida tiene un sentido: educar a tus hijos
La fe y la entrega en la vida de san José fue grandiosa, ya que primero creyó en su misión y después se entregó con su vida silenciosa y dedicada al servicio de la misión salvadora de su hijo Jesucristo. Un padre debe saber que su vida tiene un sentido específico, el de educar a sus hijos primero con su ejemplo y después con su prédica. Vivir intensamente implica dar lo mejor a sus hijos y disfrutar el tiempo con la familia.







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