Menu



26 de junio de 2020

Dios siempre quiere lo mejor para nosotros, dejemos que actúe su voluntad
Santo Evangelio según san Mateo 8, 1-4. Viernes XII del Tiempo Ordinario


Por: Vicente Toledo, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Jesús, Tú lo sabes todo, conoces cada una de mis miserias, sabes que llego a este momento de oración sin algo que ofrecerte más que mis debilidades, pero sé que tu misericordia y compasión actúan. Transforma mi corazón y mi vida entera.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 8, 1-4

En aquel tiempo, cuando Jesús bajó de la montaña, lo iba siguiendo una gran multitud. De pronto se le acercó un leproso, se postró ante él y le dijo: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciéndole: “Sí quiero, queda curado”.

Inmediatamente quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: “No le vayas a contar esto a nadie. Pero ve ahora a presentarte al sacerdote y lleva la ofrenda prescrita por Moisés para probar tu curación”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Actualmente vivimos en un momento en que la confianza en la voluntad de Dios es clave. La actitud del leproso debe ser la actitud de cada uno de nosotros en nuestro día a día. Dios lo sabe todo, Él sabe mucho mejor que nosotros, qué es lo que necesitamos, cuáles son nuestros sufrimientos, cuáles son las heridas que hay en nuestra vida. Pero nos toca a nosotros, confiar plenamente en lo que Él tiene preparado para cada uno. Nuestros planes muchas veces no son los planes de Dios, porque Él busca nuestra felicidad eterna, no sólo la pasajera.

Jesús sabía qué quería ese leproso, el leproso sabía que Jesús lo podía hacer, que Él era el único que podía curarlo. Pero no llega a exigirle, como muchas veces podemos llegar nosotros, a pedir lo que según nosotros es lo que necesitamos. Sino que llega con una actitud de confianza y humildad. Señor que no se haga mi voluntad, pero si tú quieres puedes curar mi corazón. Él todo lo puede, para Él nada es imposible. ¡Dejemos que Dios actúe en nuestras vidas!

Y, ¿cuál es la actitud de Dios ante nuestras suplicas? Es evidente, Dios no se limita en compasión. Su mirada es compasiva y misericordiosa. Siempre, sea cual sea la situación nos mira con ojos de amor. Nos escucha con la mayor atención posible. Siempre deja que seamos nosotros los que hablemos primero, le expliquemos las cosas, como si Él no conociera todo. Y nos responde con una muestra de amor. Algunas veces puede ser evidente su respuesta como en este caso con el leproso, pero otras veces podemos no verla al instante, podemos no entenderla, puede ser que no nos responda como nosotros queremos, pero eso no quiere decir que no nos responde con amor y seguro de que es lo mejor para nosotros. ¡Confiemos en la voluntad de Dios, en su respuesta de amor a cada una de nuestras peticiones!

«En aquel "si quieres" está la oración que atrae la atención de Dios y está la solución. Es un desafío, pero también es un acto de confianza. Yo sé que Él puede y por esto me encomiendo a Él. Pero ¿por qué este hombre sintió dentro de sí mismo hacer esta oración? Porque veía cómo actuaba Jesús. Este hombre había visto la compasión de Jesús. Compasión, no pena, es un estribillo del Evangelio que tiene los rostros de la viuda de Naín, del Buen Samaritano, del padre y del hijo pródigo. La compasión involucra, viene del corazón e involucra y te conduce a hacer algo. Compasión es padecer con, tomar el sufrimiento del otro sobre sí para resolverlo, para sanarlo. Y ésta fue la misión de Jesús. Jesús no vino a predicar la ley y después se fue. Jesús vino en compasión, es decir, a padecer con y por nosotros y a dar su propia vida. El amor de Jesús es tan grande que la compasión lo llevó precisamente hasta la cruz, a dar su vida».
(Homilía SS Francisco, 16 de enero de 2020, en santa Marta).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Señor sé que me hablas, sé que puedo escuchar tu voz, pero tendré momentos de silencio en mi día para escuchar tu voluntad en mi vida.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.




Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |