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21 de junio de 2020

Fe auténtica
Santo Evangelio según san Mateo 10, 26-33. Domingo XII del Tiempo Ordinario


Por: Julián Álvarez, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Dame, Jesús, la gracia de abrirte mi corazón para escuchar tu voz y querer y abrazar aquello que Tú quieras para mí.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 10, 26-33

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas.

No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.

¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.

A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

¿Cuándo fue la última vez que viviste un día con plena libertad? ¿Cuándo fue la última vez que actuaste ante los demás sin máscaras, sin respeto humano? ¿Cuándo fue la última vez que verdaderamente dijiste aquello que pensabas y no lo que agradaría más a las personas que estaban contigo?

Recuerdo en mi última visita a mi familia, fui a un restaurante con unos amigos que mantengo desde que tenía catorce años y estábamos en una conversación muy amena y agradable y de pronto se llegó la hora de la cena. En ese momento, en mis adentros, comenzó un debate interno entre si invitaba a mis amigos a rezar antes de bendecir los alimentos o si rezaba en particular; finalmente me decidí a rezar en particular, aunque en el fondo me hubiera gustado que rezáramos todos juntos, pero la excusa que me di fue que dado que uno de mis amigos es protestante quizás se pudiera molestar. Vaya sorpresa cuando empecé a comer que ese amigo me dijo, oye, ¿no quieres que recemos todos juntos?

Vaya lección que aprendí, pues era como si Dios me dijera, ya vez, vive lo que crees y lo que sientes, vive tu fe delante de los demás. Esta es una de las lecciones que nos deja el Evangelio de Dios, a vivir nuestra fe con autenticidad buscando agradar primero a Dios, antes que buscar lo más cómodo.

«Hoy me alegra decirles: Pedro está con ustedes para celebrar y renovar la fe y la esperanza. Pedro y la Iglesia caminan con ustedes y queremos decirles que no tengan miedo, que vayan adelante con esa energía renovadora y esa inquietud constante que nos ayuda y moviliza a ser más alegres, más disponibles, más “testigos del Evangelio”. Ir adelante no para crear una Iglesia paralela un poco más “divertida” o “cool” en un evento para jóvenes, con algún que otro elemento decorativo, como si a ustedes eso los dejara felices. Pensar así sería no respetarlos y no respetar todo lo que el Espíritu a través de ustedes nos está diciendo. ¡Al contrario! Queremos encontrar y despertar junto a ustedes la continua novedad y juventud de la Iglesia abriéndonos siempre a esa gracia del Espíritu Santo que hace tantas veces un nuevo Pentecostés»
(Discurso SS Francisco, 24 de enero de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

La siguiente vez que esté a la mesa, bendeciré los alimentos sin importar lo que la gente alrededor pueda pensar.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.




Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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