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18 de mayo de 2020

¡Descubre el camino!
Santo Evangelio según san Juan 15, 26-16, 4. Lunes VI de Pascua


Por: Luis Alejandro Huesca Cantú, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

¡Ven Espíritu Creador, visita mi alma y llena de tu divina gracia mi corazón! ¡Ven, Espíritu Creador, y renueva la faz de la tierra!

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 15, 26-16, 4

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Consolador, que yo les enviaré a ustedes de parte del Padre, el Espíritu de verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí y ustedes también darán testimonio, pues desde el principio han estado conmigo.

Les he hablado de estas cosas para que su fe no tropiece. Los expulsarán de las sinagogas y hasta llegará un tiempo, cuando el que les dé muerte creerá dar culto a Dios. Esto lo harán, porque no nos han conocido ni al Padre ni a mí. Les he hablado de estas cosas para que, cuando llegue la hora de su cumplimiento, recuerden que ya se lo había predicho yo”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

¿Alguna vez te has preguntado cómo unos simples pescadores fueron capaces de llevar el mensaje de Cristo hasta Roma, la capital del imperio? ¿Qué era aquello que los empujaba a ir semper altius, siempre más alto y siempre más lejos? Sin duda, la respuesta está en el Espíritu Santo que Jesús les había dado. El Evangelio de hoy revela que el Espíritu Santo te ayuda a dar testimonio...pero ¿cómo es el testimonio que el Espíritu Santo te empuja a dar?

Imagina que este testimonio que el Espíritu Santo te invita a vivir se parece a un ciclista experimentado. Un buen ciclista sabe cuándo apretar el paso y cuándo dejar que algún otro ocupe la delantera. Un buen ciclista sabe aprovechar las curvas en los descensos, pero también sabe qué cambio colocar en las subidas de montaña. Y lo más importante, un buen ciclista sabe explorar nuevos caminos, pero también sabe detenerse para ayudar a alguien que necesita de su ayuda.

Así como este ciclista es el Espíritu Santo. Él es capaz de llevarte por caminos desconocidos, te ayuda a apretar el paso para ir hacia adelante en un camino siempre nuevo, pero también el Espíritu Santo es descanso en el trabajo, frescura en el calor y consuelo en el llanto. Él te inspira para detenerte para ayudar a quien está cansado y quizá necesita un buen vaso de agua.

Ahora, en este momento de oración, no tengas miedo de preguntarle al Espíritu Santo: ¿Qué quieres de mí? ¿Por cuál camino me quieres conducir? ¿Quieres que vaya más rápido o más lento en mi vida? ¿Qué me pides? ¿Dónde quieres que dé testimonio? Él seguro que conoce el mejor camino para ti.

«Jesús no hizo ningún descuento a sus discípulos cuando habló de la radicalidad con la que debemos seguirle. Les dijo: “Cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: ´Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer´”. Sin embargo, si nuestro esfuerzo para proclamar el Evangelio es total y estamos siempre listos, entonces la perspectiva cambia. Otra parábola nos lo recuerda, cuando Jesús dice: “Dichosos los siervos que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguró que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, los servirá”. ¡Vemos de cerca tantas veces lo grande e infinito que es el amor de Dios por nosotros! Si somos fieles y vigilantes, Él también nos concede, entonces, ver los frutos de nuestro trabajo».
(Discurso de S.S. Francisco, 18 de noviembre de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Escuchar una canción sobre el Espíritu Santo y hacerla oración.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.




Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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