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7 de mayo de 2020

La presencia de Dios en las personas
Santo Evangelio según san Juan 13, 16-20. Jueves IV de Pascua


Por: Francisco J. Posada, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, que me sepa enviado por ti para que pueda comunicar tu mensaje. Sé que Tú te haces presente en mi vida en las personas que me rodean, ayúdame a reconocerte para poder agradecerte por todo lo que me das.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 13, 16-20

En aquel tiempo, después de lavarles los pies a sus discípulos, Jesús les dijo: “Yo les aseguro: el sirviente no es más importante que su amo, ni el enviado es mayor que quien lo envía. Si entienden esto y lo ponen en práctica, serán dichosos.

No lo digo por todos ustedes, porque yo sé a quiénes he escogido. Pero esto es para que se cumpla el pasaje de la Escritura, que dice: El que comparte mi pan me ha traicionado. Les digo esto ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, crean que Yo soy.

Yo les aseguro: el que recibe al que yo envío, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Hay personas que nos conocen de pies a cabeza. Entre ellas está nuestra madre quien nos ama y ve lo bueno que tenemos siempre, nuestro lado positivo. Me viene a la mente cómo una madre lucha para que sus hijos tengan lo mejor; muchas veces ella pasa a segundo plano para que ellos reluzcan más. Sin ella no hubiéramos nacido. Su importancia en nuestras vidas pasa a veces desapercibida, pero siempre debemos recordar cuánto nos ha dado. No ser agradecidos sería como una traición al gran amor que nos tiene y que nunca falla porque nos ama de verdad infinitamente. En cierto sentido todo lo que hacemos tiene la marca de dónde venimos, por ejemplo, con la forma de ser, alguien que no conoce a nuestra familia puede decir «eres igualito a tu papá o me recuerdas mucho a tu madre», de alguna manera se nota de quiénes somos hijos.

Cuánto más les tenemos que agradecer a nuestros padres porque nos han revelado parte del amor de Dios. Él, en su plan personal para nosotros, ha puesto a las personas con las que convivimos, empezando claramente con nuestros padres y así sucesivamente, porque Dios, providencialmente, lleva toda la historia humana que comienza con su creación y termina cuando llegamos a Él para el abrazo eterno con el Padre.

Toda persona en nuestra vida es como un enviado de Dios que misteriosamente nos revela algo de Él o nos ayuda a entendernos mejor. Quien acoge a alguien acoge verdaderamente a Dios porque Dios está en él. Así es como quien está de parte de Dios, se nota que viene de Él y nos acoge como tal. Nuestra vida sirve como una ventana para ver nuestro pasado y saber de dónde venimos, sin que esto nos limite en nuestras circunstancias actuales.

El Evangelio de hoy nos recuerda que todos y cada uno de nosotros somos enviados por Cristo al mundo. Ahí donde nos encontremos, en nuestra situación personal, somos enviados para hacer presente el Reino de Dios. El camino para vivir nuestra verdadera felicidad es el servicio humilde a los demás, así como Cristo nos enseñó en el lavatorio de los pies.

«Es un mandato que nos toca de cerca: yo soy siempre una misión; tú eres siempre una misión; todo bautizado y bautizada es una misión. Quien ama se pone en movimiento, sale de sí mismo, es atraído y atrae, se da al otro y teje relaciones que generan vida. Para el amor de Dios nadie es inútil e insignificante. Cada uno de nosotros es una misión en el mundo porque es fruto del amor de Dios. Aun cuando mi padre y mi madre hubieran traicionado el amor con la mentira, el odio y la infidelidad, Dios nunca renuncia al don de la vida, sino que destina a todos sus hijos, desde siempre, a su vida divina y eterna».
(Mensaje de Bautizados y enviados de SS Francisco, 9 de junio de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Darle gracias a Dios, o a alguien, por algo que me ha dado, y meditar cómo estoy cumpliendo mi misión de ser su enviado.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.







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