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Tú eres Pedro y yo te daré las llaves del Reino de los cielos
Meditación al Evangelio 22 de febrero de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Interrumpimos hoy el evangelio continuado de San Marcos para acercarnos a la celebración de una fiesta del Apóstol Pedro que nos recuerda la misión confiada por Cristo a Pedro, garantía de la fe para sus hermanos. El Evangelio nos muestra a Jesús cuestionando a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?” y después de escuchar diferentes respuestas, preguntarles directamente: “Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?” Pregunta básica e importante para aquellos discípulos y también para cada uno de nosotros. De la respuesta que demos, sobre todo con nuestras obras más que con nuestras palabras, dependerá si realmente nos podemos llamar discípulos.

Pedro, arrojado y decidido como siempre, afirma tajante: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” Escuchando Jesús esta respuesta lo alaba, le cambia el nombre como señal de su nueva vocación y le encomienda una misión. Pedro, muy humano, la asumirá con su propia vida y, después de arrepentirse de su negación, incluso dará la vida por Cristo.

Es interesante recordar las mismas palabras que recoge su primera carta para darnos cuenta de su misión: “Me dirijo a ustedes como pastor y testigo de los sufrimientos de Cristo” Esta es la nueva misión de Pedro: ser testigo de los sufrimientos y convertirse en pastor. Con toda razón en la misma carta exige a los pastores de las comunidades “que apacienten el rebaño de buena gana, no por ambición de dinero” Cuestionamiento serio para todos los que de alguna forma tenemos responsabilidad frente a los fieles y revisión de nuestras actitudes.

Sobre todo, cuando el Papa Francisco constantemente nos está invitando a la generosidad y a la gratuidad. Es una invitación a reconocer equilibradamente la misión del sacerdote, apoyarlos y ayudarlos, hacer nuestra oración. La Iglesia es muy humana, así la ha fundado Cristo, pero todos somos Iglesia y tenemos que embellecerla con nuestro amor, nuestra entrega y nuestra oración por todos los sacerdotes, en especial por nuestro Papa Francisco.







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