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Comentario a la Liturgia del V Domingo Tiempo Ordinario A
La liturgia de hoy tiene un tema en común: la luz. En el Evangelio el Señor, a través del Evangelista Mateo...


Por: Tais Gea | Fuente: Catholic.net



Otro domingo más nos acercamos a la Palabra de Dios. El Señor todos los domingos tiene un mensaje para nosotros. Nos va conduciendo, como dice San Pablo a los corintios, por medio del Espíritu y el poder de Dios. Escuchar la Palabra es dejarse guiar por ella y transformar por su fuerza. Por eso en este día dejemos que la Palabra penetre en nuestro interior y nos hable.

La liturgia de hoy tiene un tema en común: la luz. En el Evangelio el Señor, a través del Evangelista Mateo, invita a los discípulos a ser luz del mundo. Les deja claro cuál es su misión en el mundo. En este caso no está hablando de una predicación de palabras, sino que simplemente ser luz. Y ¿qué significa para Jesús ser luz? El texto nos da la clave para comprenderlo: «brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos». Para Jesús el discípulo brilla a través de sus buenas obras.

En el mundo actual en donde las instituciones han perdido progresivamente su credibilidad el valor se encuentra en la autenticidad de la vida de cada uno de los que forman parte de la institución. El cristiano, al vivir haciendo buenas obras, haciendo el bien y amando, es la luz que brilla en la oscuridad del mundo. La Iglesia solo puede ser convincente si sus miembros son luz.

Y ¿cómo ser luz? El canto del aleluya nos recuerda que Jesús es la luz del mundo y solo el que lo sigue puede tener la luz de la vida. Esto quiere decir que solo podemos ser luz si somos auténticos seguidores de Cristo identificándonos con su propia vida. Es así como San Pablo afirma que lo único que ha querido anunciar es a Jesucristo crucificado. El mensaje de Pablo es uno, Jesucristo. Jesucristo en la cruz. Es decir, nos muestra que Jesús es luz en su muerte de cruz, cuando hace la mayor “buena obra” que puede alguien hacer por otro: dar la vida por los demás.

Así es como se cumple la profecía de Isaías que se encuentra en la primera lectura. El profeta indica que solo surgirá la luz en el corazón de cada uno de nosotros si nosotros compartimos nuestro pan con el hambriento, abrimos nuestra casa al pobre sin techo, vestimos al desnudo y no damos la espalda a los hermanos. Es así como somos igual que nuestro maestro que es nuestro modelo. Somos “cristos” crucificados para nuestros hermanos, entregando la vida por ellos.



El que camina delante de nosotros marcando nuestro camino es el mismo Dios a través de su justicia. El profeta nos dice que la justicia nos abrirá camino, es decir, Dios mismo nos irá guiando por este camino de justicia que nos permitirá ser luz. Una luz verdadera, una luz distinta, una luz auténtica, la luz que necesita nuestro mundo de hoy. Sólo así será creíble el mensaje del Evangelio, sólo así muchos más se dejarán iluminar por la luz de Dios hasta convertirse también ellos en luz del mundo.

Pidamos esta gracia al Señor: «Padre de bondad queremos ser luz. Este mundo lleno de oscuridad y tinieblas necesita ver una luz distinta, la misma luz de Dios. Te pedimos que hagas nuestro corazón como el de Jesucristo crucificado para que podamos, con la fuerza del Espíritu, dar la vida por nuestros hermanos. Amén.»







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