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El mandamiento «no matarás» en «Evangelium vitae»
Juan Pablo II confirma, de modo solemne, la gravedad moral del aborto.


Por: P. Fernando Pascual, LC | Fuente: Catholic.net



Todo el capítulo tercero de la encíclica “Evangelium vitae” está dedicado a exponer la doctrina católica sobre el respeto a la vida. Quedan encuadradas en las enseñanzas morales del quinto mandamiento.

Como en los demás capítulos de esa encíclica, Juan Pablo II expone tal doctrina con la mirada puesta en la Palabra de Dios. Inicia con el famoso pasaje de Mt 19,16-18 (el encuentro de Jesús con el joven rico) en el que se relaciona el Evangelio de la vida con el mandamiento del amor (n. 52).

A continuación, el Papa explica cómo el acto por el que se priva de la vida a un ser humano, en quien reside la imagen de Dios, es algo sumamente grave, pues va contra un bien fundamental que ha de ser respetado (nn. 53-55).

Juan Pablo II sitúa, en este contexto, la doctrina católica sobre la legítima defensa y la pena de muerte (un tema que en las últimas décadas ha sido objeto de nuevas intervenciones de los Papas Benedicto XVI y Francisco), y cómo el mandamiento “no matarás” es de carácter absoluto respecto a cualquier persona humana inocente (nn. 55-57).

Sigue luego una amplia sección para el tema del aborto, unido al diagnóstico prenatal cuando está orientado a eliminar a los hijos con defectos. Juan Pablo II confirma, de modo solemne, la gravedad moral del aborto, considerado claramente como un homicidio en el que pueden intervenir, con sus actos, no solo la mujer que lo pide, sino otras personas (familiares, personal médico, autoridades) que lo apoyan o, incluso, que presionan para que sea llevado a cabo (nn. 58-63).



Inmediatamente después, “Evangelium vitae” se fija en la eutanasia, que encuentra defensores entre quienes desean dominar la muerte, así como entre quienes consideran las vidas no productivas o desgastadas por el dolor como carentes de valor (n. 64). La encíclica define de modo preciso qué sea la eutanasia, para distinguirla de la legítima renuncia al ensañamiento terapéutico (n. 65), y la presenta en relación con el suicidio (otro gesto inmoral, n. 66).

Tras haber confirmado la doctrina católica que considera la eutanasia como algo gravemente contrario a la ley divina (n. 65), el Papa expone la vía de la atención adecuada al enfermo y a cualquier persona que sufra, así como el modo correcto de ver la muerte en relación con la esperanza en la vida futura (n. 67).

Los nn. 68-74 analizan el complejo tema de las relaciones entre la ley moral (la ética) y la ley civil. La encíclica señala la existencia de tensiones en sistemas democráticos donde aspectos básicos de la ley moral pueden ser puestos en discusión, con la aprobación de normativas claramente contrarias a los principios éticos, lo cual permite destacar cómo la democracia (como cualquier otra forma de Estado) queda gravemente dañada cuando no respeta los derechos fundamentales, entre los que se encuentra la tutela de la vida de todos los seres humanos (nn. 70-71).

Los dos últimos números del capítulo tercero (nn. 75-76) vuelven sobre la idea esbozada al inicio (n. 52): la relación entre los mandamientos y la plenitud de la ley, que consiste en el amor, en continuidad con las enseñanzas de la encíclica “Veritatis splendor” publicada en 1993, dos años antes de “Evangelium vitae”.









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