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23 de enero de 2020

Médico de almas
Santo Evangelio según san Marcos 3, 7-12. Jueves II del Tiempo Ordinario


Por: H. Edgar Maldonado, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Jesús, no soy digno(a) de que entres en mi casa; una palabra tuya bastará para sanarme.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 3, 7-12

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, seguido por una muchedumbre de galileos. Una gran multitud, procedente de Judea y Jerusalén, de Idumea y Transjordania y de la parte de Tiro y Sidón, habiendo tenido noticias de lo que Jesús hacía, se trasladó a donde él estaba.

Entonces rogó Jesús a sus discípulos que le consiguieran una barca para subir en ella, porque era tanta la multitud, que estaba a punto de aplastarlo.

En efecto, Jesús había curado a muchos, de manera que todos los que padecían algún mal, se le echaban encima para tocarlo. Cuando los poseídos por espíritus inmundos lo veían, se echaban a sus pies y gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios”. Pero Jesús les prohibía que lo manifestaran.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Permíteme acercarme a ti para mostrarte mis enfermedades y preocupaciones o simplemente para estar junto a ti. Muchos comenzaron a seguirte por curiosidad, conveniencia o verdadera necesidad. Otras personas querían ver con sus propios ojos tus curaciones. Todos te buscan por diferentes motivos: amor, decepción, enfermedad, etc... ¿Y yo? ¿Qué me mueve a seguirte, qué hay en ti que me pueda interesar? ¿Qué gano con ser cristiano? Para nosotros no es suficiente una cura, deseamos más.

Sanamente envidio a quienes has curado, porque no solamente los curas de una simple enfermedad, sino que da envidia ver su paz, la alegría con la que viven; Tú curas la parálisis del corazón, me regresas la alegría de vivir y de disfrutar cuanto tengo y cuanto soy.

Padezco de dureza de corazón, esta misma dureza me ciega. El corazón me pesa impidiendo que vea todo lo bueno que me has dado, todo cuanto haces por mí cada día. De verdad Tú hiciste todas las cosas buenas, las hiciste para mí. Limpia mis ojos para ver el amor que me tienes, para darme cuenta del amor que me rodea. Tú hiciste buenas todas las cosas, amas todo lo que has creado; si odiases algo de lo que has creado, no existiría.

Señor, cura mis enfermedades, sobre todo la del pesimismo; dame tu espíritu para ver como Tú, para hablar como Tú, para amar y perdonar como Tú.

«La cura de Jesús coincide con el levantar a la persona y enviar a aquel o a aquella a quien se ha acercado y curado. Son tantos los enfermos que, después de haber sido curados por Cristo, se convierten en sus discípulos y seguidores. Jesús se acerca, pues, se preocupa, sana, reconcilia, llama y envía: como podemos ver, la relación con las personas oprimidas por la enfermedad y el dolor es para él una relación rica y personal, no mecánica, no a distancia».
(Homilía de S.S. Francisco, 22 de junio de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Me acercaré al Señor con fe para reconocer mis enfermedades del corazón. Pediré la gracia de ser humilde y valiente para recibir mi curación.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.



Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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