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6 de enero de 2020

Dejarlo todo en manos del Señor
Santo Evangelio según san Mateo 4, 12-17.23-25. Lunes después de Epifanía


Por: H. Leonardo Parada, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, dame la gracia de poder abandonarme totalmente en ti.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 4, 12-17.23-25

Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías:

Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que yacía en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció.

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: "Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos". Y andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia.

Su fama se extendió por toda Siria y le llevaban a todos los aquejados por diversas enfermedades y dolencias, a los poseídos, epilépticos y paralíticos, y él los curaba. Lo seguían grandes muchedumbres venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Han transcurrido catorce días desde el nacimiento de nuestro Señor y los primeros seis días del inicio de este año; días que ya pasaron y que no volverán más. Conviene empezar este año nuevo sin muchas preocupaciones, propósitos o con cosas nuevas, sino que iniciemos este año nuevo abriendo nuestro corazón a la predicación de Jesús qué nos dice: «convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos». Abrámosle nuestro corazón a Cristo Jesús, de par en par, para que realmente su Reino se puede instaurar en nosotros y tengamos siempre ese Reino de paz, de justicia, de santidad, de amor, de alegría, etc.

También nos dice el Evangelio qué Jesús recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas, proclamando el Reino, curando enfermedades, y esto es precisamente lo que hoy Cristo quiere decirnos a cada uno de nosotros, que en este año que estamos iniciando dejemos todo en las manos de Él, que sea Él realmente quien cure mis enfermedades, alivie mis dolencias, que sea su Palabra eterna la que suene y retumbe en mi corazón.

Nunca nos olvidemos de que nosotros no somos nada, y que Él lo es todo, pero si nosotros no ponemos nuestra nada Él, no podrá poner su todo. Vivamos pues con estos sentimientos semejantes a los de la Virgen María que sabiéndose nada, simplemente dando su Fiat al servicio del Señor, Éste pudo hacer grandes maravillas en ella.

«Jesús no quiere empujar a la gente a que se convierta sembrando el temor del juicio inminente de Dios o el sentimiento de culpa por el mal cometido. Jesús no hace proselitismo: simplemente anuncia. Al contrario, lo que Él trae es la Buena Nueva de la salvación, y a partir de ella llama a convertirse. Todos están invitados a creer en el «evangelio»: el dominio de Dios se ha acercado a sus hijos. Esto es el Evangelio: el dominio de Dios se ha acercado a sus hijos. Y Jesús anuncia esta maravilla, esta gracia: Dios, el Padre, nos ama, está cerca de nosotros y nos enseña a caminar por el camino de la santidad».
(Homilía de S.S. Francisco, 6 de marzo de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Que pueda dejar, en este día y siempre, que Dios haga lo que Él quiera en mí.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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