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31 de diciembre de 2019

Cristo, nuestro hermano pequeño
Santo Evangelio según Juan 1, 1-18. Martes de la Octava de Navidad


Por: H. Francisco J. Posada, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, haz que reconozca tu grandeza en este nuevo año que vamos a iniciar. Que pueda sentirte más cercano cada día; ayúdame a contemplar el misterio de tu vida, especialmente tus primeros años.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según Juan 1, 1-18

En el principio ya existía aquel que es la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Ya en el principio él estaba con Dios. Todas las cosas vinieron a la existencia por él y sin él nada empezó de cuanto existe. Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron.

Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino testigo de la luz.

Aquel que es la Palabra era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba; el mundo había sido hecho por él y, sin embargo, el mundo no lo conoció.

Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron; pero a todos los que lo recibieron, les concedió poder llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, los cuales no nacieron de la sangre, ni del deseo de la carne, ni por voluntad del hombre, sino que nacieron de Dios.

Y aquel que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros. Hemos visto su gloria, gloria que le corresponde como Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan el bautista dio testimonio de él, clamando: "A éste me refería cuando dije: 'El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo".

De su plenitud hemos recibido todos, gracia sobre gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Cristo es la palabra de Dios que, desde siempre, es Dios y comunica la existencia a todas las cosas del mundo porque Él es el canal por el cual Dios Padre puede transmitir la vida. Así es como debemos reconocer que Dios es la base y principio de todas las cosas que conocemos en el mundo, especialmente en los hombres que son imagen y semejanza de Dios desde que nacen hasta que mueren.

Juan era una persona que tuvo una experiencia única de Dios y por esto se convirtió en testigo de Cristo que es la luz. Nadie quiere vivir en tinieblas, escondido, sin poder contemplar las cosas como son; por eso nos hace mucho bien dejarnos iluminar por Cristo y, con Él, ver cómo está nuestra vida al finalizar este año, porque este tiempo es especial para examinar cómo va nuestra vida. También nos ayuda a ver las cosas desde su perspectiva de Hijo amado del Padre. Todos tienen la oportunidad de ser iluminados por Cristo porque Él es un amigo que nunca falla, siempre fiel; pero es nuestra decisión el aceptar o no la luz porque Él no se impone en nuestra vida, sino que nos deja escoger.

Y, ¿qué ganamos aceptando la luz de Cristo en nuestras vidas? Ser hijos de Dios que se saben amados por el Padre y pueden poner toda su confianza en Él, sentirse hermanos de todos los hombres, verse pequeños delante de Dios que nos guía en nuestro peregrinar, etc. Y el gran misterio de la encarnación, lo podemos tocar porque Cristo vino al mundo para mostrarnos su rostro que es el rostro de Dios y hombre.

«Cada año, la liturgia nos invita a contemplar a Dios en el candor de un niño excluido, que venía a los suyos, pero fue rechazado. Según san Ignacio, una ancila ?ancila, una persona, una joven que sirve?, asiste a la Sagrada Familia. Junto a ella, Ignacio nos apremia a introducirnos también nosotros, “haciéndome yo un pobrecito y esclavito indigno, contemplándolos y sirviéndolos en sus necesidades, como si presente me hallase”. Esto no es poesía ni publicidad, esto Ignacio lo sentía. Y lo vivía. Esta contemplación activa de Dios, de Dios excluido, nos ayuda a descubrir la belleza de toda persona marginada. Ningún servicio sustituye a “valorar al pobre en su bondad propia, con su forma de ser, con su cultura, con su modo de vivir la fe”».
(Homilía de S.S. Francisco, 7 de noviembre de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Contemplar un nacimiento tomando en cuenta la grandeza y la pequeñez de Dios.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.







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