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El Papa agradece a las colaboradoras de Milán, Padua y Treviso
El Papa ha entregado a las participantes en el encuentro el discurso que había preparado para la ocasión y ha improvisado unas palabras dirigidas a las presentes


Por: Redacción | Fuente: Vatican News



El sábado 14 de diciembre al mediodía, el Papa Francisco recibió en audiencia en la sala Clementina del Vaticano a las auxiliares diocesanas de Milán y a las colaboradoras apostólicas diocesanas de Padua y Treviso, unas 120 mujeres aproximadamente.

Tras agradecer al Obispo de Milán, Monseñor Mario Delpini, por sus palabras de presentación del encuentro; el Santo Padre ha entregado a las participantes en el encuentro el discurso que había preparado para la ocasión y ha improvisado unas palabras espontáneas desde el corazón.

Por su parte, en el discurso entregado Francisco destaca el aspecto central de la identidad de estas fieles colaboradoras, "que es significativa como forma de presencia de la mujer en la Iglesia", y cuya misión nace -asegura Francisco- de la experiencia de apostolado asociado especialmente a la Acción Católica, "en colaboración con los sacerdotes en la pastoral parroquial y diocesana".

Las mujeres y su papel como discípulas de Jesús

Haciendo alusión al papel especial que desde un principio Jesús otorgó a la mujer, el Pontífice explica que cuando el Maestro acogía a algunas mujeres entre sus discípulos, incluso en estrecha colaboración con los Doce, "no lo hacía por un feminismo ante litteram, sino porque el Padre le hacía salir al encuentro de estas hermanas, a veces necesitadas de curación, como los hombres (cf. Lc 8,2)".

"Entre ellas está María Magdalena -asevera el Papa- subrayando que "tenía un carisma particular de fe y de amor al Señor, y Él se manifestó a ella por primera vez en la mañana de Pascua encargándole que fuera a llevar el mensaje a sus hermanos y hermanas: apóstola de los apóstoles".



En este sentido, el Obispo de Roma recuerda a las auxiliares diocesanas y a las colaboradoras apostólicas que también las otras mujeres del Evangelio tuvieron una presencia decisiva en las historias de la Resurrección. «Por eso es muy justo, además de hermoso, este nombre vuestro de "mujeres de la Resurrección", que les atribuyó a ustedes el Arzobispo Montini, posteriormente Papa Pablo VI», añade Francisco.

El trabajo duro siembra dones especiales

Y en cuanto la experiencia de colaborar directamente con los párrocos en el servicio del pueblo de Dios, en las parroquias, en los oratorios, con los pobres, en las cárceles; el Santo Padre señala que en los que viven este "trabajo", a veces duro y fatigoso (cf. Rm 16, 6), "el Espíritu Santo siembra dones especiales de entrega, que pueden llegar a ser también de consagración en la Iglesia".

En este punto Francisco destaca que es importante que el Obispo y los sacerdotes designados por él hagan el discernimiento: "Esto es lo que os ha sucedido en las diferentes realidades diocesanas: Milán, Treviso, Padua y Vicenza. Hay algunas constantes entre las diferentes experiencias, y lo esencial es que el obispo está atento a un don que se encuentra en la comunidad, un don que corresponde a una necesidad pastoral -pero no sólo a una función, no es un funcionalismo- y luego hace un discernimiento. De este modo, el carisma es examinado, aceptado y reconocido, y recibe su propia forma en esa comunidad diocesana. Por lo tanto, el elemento de estrecha colaboración con el Obispo surge como calificativo", indica Francisco en su discurso haciendo hincapié en que por supuesto que hay otras formas de cooperación de las mujeres en la Iglesia, ya sean laicas, religiosas o seglares consagradas, "pero la vuestra tiene esta especificidad".

Gracias por su testimonio y sigan adelante

Finalmente, el Papa agradece a las auxiliares diocesanas de Milán y a las colaboradoras apostólicas diocesanas de Padua y Treviso por su testimonio, así como por su fidelidad "no a un pueblo genérico, sino a este pueblo, con su historia,  sus riquezas y sus pobrezas, que es un rasgo esencial de la misión de Jesucristo, enviado por el Padre a las ovejas perdidas de la casa de Israel" (Mt 15,24); y concluye animándolas a seguir adelante, "con la alegría de la Resurrección y la pasión por vuestro pueblo", e impartiéndoles su bendición apostólica.







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