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Hay verdadera alegría en el proclamar la misericordia del Señor
El Papa a Asociaciones y movimientos eclesiales de Francia dedicados a la misericordia.


Por: Griselda Mutual | Fuente: Vatican News



“La misericordia es el acto último y supremo con el que Dios viene a nuestro encuentro y que abre nuestro corazón a la esperanza de ser amados para siempre, sea cual sea nuestra pobreza, sea cual sea nuestro pecado”: fueron palabras del Papa Francisco, en la mañana del 13 de diciembre, encontrando a asociaciones, congregaciones y movimientos eclesiales dedicados a la misericordia en Francia.

La Iglesia tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios
El Pontífice aseguró que “no hay pobreza humana que Dios no quiera alcanzar, tocar y socorrer”, y recordó la misión de la Iglesia:

“La Iglesia – dijo citando la Bula de convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia – tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio, que por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de toda persona”.

El amor de Dios por nosotros no es una palabra abstracta
El amor de Dios por nosotros “no es una palabra abstracta”, recordó el Papa, sino que “se ha hecho visible y tangible en Jesucristo”. Y para la Iglesia y la credibilidad de su anuncio "es determinante" "que ella viva y testimonie en primera persona la misericordia":

"Su lenguaje y sus gestos deben transmitir misericordia para penetrar en el corazón de las personas y motivarlas a reencontrar el camino de vuelta al Padre”.



Hay verdadera alegría en el proclamar la misericordia del Señor
Anunciando con certeza que “hay una verdadera alegría en el proclamar la misericordia del Señor”, Francisco deseó a los peregrinos que “puedan encontrar la manera de dar testimonio a su alrededor de esta alegría de evangelizar anunciando la misericordia de Dios, para transmitir a los demás su pasión y difundir en el mundo la cultura de la misericordia que necesita con urgencia”. Y los animó a que el cumplimiento de las actividades caritativas, “a veces exigente y cansador”, “no ahogue nunca el respiro de ternura y compasión del que deben ser animados, ni la mirada que lo expresa”. Y una vez más reiteró:

“Sólo hay una forma en la que se permite mirar a una persona desde arriba hacia abajo, sólo hay una: para ayudarla a levantarse. De lo contrario, nunca se puede mirar a una persona de arriba a abajo”.

Debemos purificar continuamente nuestras acciones e intenciones
Citando la Encíclica Dives in Misericordia de San Juan Pablo II, cuando habla del deber de purificar continuamente todas nuestras acciones y todas nuestras intenciones, el Pontífice quiso grabar en el corazón de las personas el hecho de que se puede practicar la misericordia "solo" cuando “se es profundamente consciente de que se ha sido objeto de misericordia por parte del Padre”. La misericordia, de hecho, es bilateral:

“Es realmente un acto de amor misericordioso cuando, practicándola, nos convencemos profundamente de que al mismo tiempo la experimentamos por parte de quienes la aceptan de nosotros. Si falta esta bilateralidad, esta reciprocidad, entonces nuestras acciones no son aún auténticos actos de misericordia” (Dives in Misericordia, 14).

Servir a Jesús en los hermanos y hermanas más necesitados
En el final del discurso el Papa propuso a los peregrinos a que en este tiempo de preparación para la Navidad contemplen el pesebre, y para ello se apoyó en su reciente Carta Apostólica Admirabile signum:



“Es una invitación a sentir, a tocar la pobreza que el Hijo de Dios eligió para sí mismo en su encarnación. Y así, es implícitamente una llamada a seguirlo en el camino de la humildad, de la pobreza, del despojo, que desde la gruta de Belén conduce hasta la Cruz. Es una llamada a encontrarlo y servirlo con misericordia en los hermanos y hermanas más necesitados”.





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