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23 de noviembre de 2019

¿Estás seguro de que hay una vida después de esta?
Santo Evangelio según san Lucas 20, 27-40. Sábado XXXIII del Tiempo Ordinario


Por: H. Edgar Maldonado, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, que te conozca ahora para estar juntos en la eternidad.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 20, 27-40

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús algunos saduceos. Como los saduceos niegan la resurrección de los muertos, le preguntaron: “Maestro, Moisés nos dejó escrito que si alguno tiene un hermano casado que muere sin haber tenido hijos, se case con la viuda para dar descendencia a su hermano. Hubo una vez siete hermanos, el mayor de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo, el tercero y los demás, hasta el séptimo, tomaron por esposa a la viuda y todos murieron sin dejar sucesión. Por fin murió también la viuda. Ahora bien, cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa la mujer, pues los siete estuvieron casados con ella?”.

Jesús les dijo: “En esta vida, hombres y mujeres se casan, pero en la vida futura, los que sean juzgados dignos de ella y de la resurrección de los muertos, no se casarán ni podrán ya morir, porque serán como los ángeles e hijos de Dios, pues él los habrá resucitado.

Y que los muertos resucitan, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven”.

Entonces, unos escribas le dijeron: “Maestro, has hablado bien”. Y a partir de ese momento ya no se atrevieron a preguntarle nada.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Cristo amigo, me da gusto estar contigo, Tú siempre tienes tiempo para recibirme y escucharme en todo momento y lugar. Gracias por tu amistad. Creo con mi corazón que me conoces, Tú sabes que te necesito. Ayúdame a descubrir tu voluntad, a descubrir tus gustos para que aprenda a optar por todo aquello que me ayude a acercarme más y más a tu divino corazón.

Ahora releamos el Evangelio, contemplemos la escena e imaginemos que nosotros somos uno de los saduceos; pongámonos en su lugar y hagamos nuestra su incertidumbre acerca de la resurrección de los muertos. Imaginemos una situación ficticia, algo que no sucedió en el Evangelio, pensemos que nosotros (uno de los saduceos) interceptamos a Jesús a solas y le presentamos con humildad nuestro deseo de creer en la vida eterna. Este diálogo podría desarrollarse así:

- Maestro, yo amo a mi familia, me gusta mi vida, sin embargo, me aterra pensar que todo se acaba con la muerte: familia, amigos, tradiciones, amor. Todo. Tú hablas de la resurrección como algo cierto. No te pido explicaciones, sólo una pregunta: ¿Estás seguro de que hay una vida después de esta?

- Sí. En el principio mi Padre creó al hombre y a la mujer en libertad, quiero decir que Eva no era propiedad de Adán ni éste dueño de aquélla. Los creó libres para que aprendieran a ser amigos los tres: Adán, Eva y mi Padre. En el principio había amistad y la habrá en la vida futura para el que lo desee.

Jesús, aumenta mi fe y dame la gracia de vivir con la convicción de que Tú me recibirás cuando me llames de este mundo a tu presencia. Aumenta en mí el deseo de compartir mi sed de Ti con aquellos que viven como si no hubiera vida eterna.

«“Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro”, afirmamos todos los domingos, recitando el último artículo del Credo Niceno-Constantinopolitano. Y el Símbolo de los Apóstoles se cierra con estas palabras: “Creo [...] la resurrección de la carne y la vida eterna”. Por lo tanto, se trata del núcleo esencial de la fe cristiana, de una realidad estrechamente vinculada a la profesión de fe en Cristo muerto y resucitado. Y, sin embargo, la reflexión escatológica sobre la vida eterna y la resurrección, en la catequesis y en la celebración, no encuentra el espacio y la atención que merece. A veces se tiene la impresión de que este tema se olvide deliberadamente y se deje de lado porque aparentemente está muy lejos, es extraño a la vida cotidiana y a la sensibilidad contemporánea. No hay por qué maravillarse: En efecto, uno de los fenómenos que marca la cultura actual, es precisamente el cierre a los horizontes trascendentes, el repliegue en sí mismo, el apego casi exclusivo al presente, olvidando o censurando las dimensiones del pasado y sobre todo del futuro, percibido, especialmente por los jóvenes, como oscuro y lleno de incertidumbres. El futuro más allá de la muerte aparece, en este contexto, inevitablemente aún más distante, indescifrable o completamente inexistente».
(Discurso de S.S. Francisco, 4 de diciembre de 2018).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

En un momento de soledad, me pondré en la presencia del Señor y le presentaré mis dudas con humildad (si las hay), eso que me cuesta creer.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.





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