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31 de octubre de 2019

Una escucha activa de Dios
Santo Evangelio según san Lucas 13, 31-35. Jueves XXX del Tiempo Ordinario


Por: H. Francisco J. Posada, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, dame la gracia de tener una convicción tan fuerte en tu amor que me lleve a hacer lo impensable.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 13, 31-35

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le dijeron: "Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte".

Él les contestó: "Vayan a decirle a ese zorro que seguiré expulsando demonios y haciendo curaciones hoy y mañana, y que al tercer día terminaré mi obra. Sin embargo, hoy, mañana y pasado mañana tengo que seguir mi camino, porque no conviene que un profeta muera fuera de Jerusalén.

¡Jerusalén, Jerusalén, que matas y apedreas a los profetas que Dios te envía! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos bajo las alas, pero tú no has querido!

Así pues, la casa de ustedes quedará abandonada. Yo les digo que no me volverán a ver hasta el día en que digan: 'Bendito el que viene en nombre del Señor'".

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

La misión de Cristo implicaba también su muerte. Él la había aceptado, sabiendo que su vida estaba en juego, porque tenía la firme convicción de que el Padre no lo abandonaría. Ante la amenaza de Herodes, Jesús, teniendo el poder divino, se muestra sereno porque el plan que el Padre le ha dado es de su conocimiento y lo quiere cumplir como debe. El momento de su muerte llegará, pero no ahora. Él mismo da la señal de los tres días en los que la obra divina tendrá lugar, pero al tercero terminará y algo más tendrá inicio, un tiempo renovado de alegría.

En la figura de Herodes, Jesús ve cómo la gente de Jerusalén se ha cerrado a su mensaje y se conmueve porque quería que todos llegasen a convertirse en hijos de Dios, no solo de nombre, sino también de hecho. Es de notar cómo se matizan los sentimientos de Cristo que se expresan en la figura de una gallina que reúne a sus críos bajo sus alas; esta figura nos habla de la ternura divina que se muestra comprensiva con los que quiere, aun en los momentos difíciles. Cristo es como una madre que no se cansa de amar a sus hijos y sufre cuando ellos sufren; este sufrimiento que Cristo experimenta se debe a que hay gente que se pierde, en lugar de seguir su mensaje, y no podrá encontrar su felicidad.

La muerte de Cristo nos ayuda a comprender nuestro propio sufrimiento humano y cómo la historia no se quedó allí; nos ayuda a saber que Dios nos hizo para ser felices y no para sufrir; por esto Cristo resucitó y nos comunicó el gozo de su nueva vida.

«Les recomiendo vigilar no sólo individualmente, sino colegialmente, dóciles al Espíritu Santo, sobre este permanente punto de partida. Sin este núcleo languidecen los rasgos del Maestro en el rostro de los discípulos, la misión se atasca y disminuye la conversión pastoral, que no es otra cosa que rescatar aquella urgencia de anunciar el Evangelio de la alegría hoy, mañana y pasado mañana, premura que devoró el Corazón de Jesús dejándolo sin nido ni resguardo, reclinado solamente en el cumplimiento hasta el final de la voluntad del Padre. ¿Qué otro futuro podemos perseguir? ¿A qué otra dignidad podemos aspirar?».
(Discurso de S.S. Francisco, 7 de septiembre de 2017).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Rezar el rosario por los cristianos perseguidos en el mundo.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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