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6 de octubre de 2019

El poder de la fe
Santo Evangelio según san Lucas 17, 5-10. Domingo XXVII del Tiempo Ordinario


Por: H. Leonardo Garzón, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, auméntame la fe para que pueda reconocerte en mi día a día y así actuar como testigo del Dios que es vida.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 17, 5-10

En aquel tiempo, los apóstoles dijeron al Señor: “Auméntanos la fe”. El Señor les contestó: “Si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decir a ese árbol frondoso: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, y los obedecería.

¿Quién de ustedes, si tiene un siervo que labra la tierra o pastorea los rebaños, le dice cuando éste regresa del campo: ‘Entra enseguida y ponte a comer’? ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame de comer y disponte a servirme, para que yo coma y beba; después comerás y beberás tú’? ¿Tendrá acaso que mostrarse agradecido con el siervo, porque éste cumplió con su obligación?

Así también ustedes, cuando haya cumplido todo lo que se les mandó, digan: ‘No somos más que siervos, sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer’”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

El don de la fe es algo muy poderoso del cual no nos damos cuenta hasta que tenemos que usarlo en una situación difícil, porque ahí es donde puede brillar como virtud, la cual Dios nos da la gracia de tenerla. Este don nos llama a buscar la perfección porque, reconociendo quién es Dios de verdad, no nos podríamos conformar con lo mínimo. Dios nos pide que actuemos de acuerdo con lo que creemos, que tengamos nuestro credo en lo más alto, para que así nuestra vida pueda ser un árbol frondoso donde las aves del cielo puedan venir a refugiarse, un lugar que refleja lo que Dios es, una persona acogedora.

La fe se debe hacer obras porque una fe sin obras no está viva, y Dios es una persona viva que quiere mostrarle al mundo por qué necesitan de Él para ser felices. Este don de Dios se lo debemos pedir porque es algo que Él mismo nos concede y que nos ayuda, en nuestra vida cotidiana, a ver las cosas desde una perspectiva nueva, la de Dios. Con fe, la vida se convierte en un vivir de cara a Dios; y podemos reconocer que para estar en paz con uno mismo y con los demás, tenemos que hacer lo que le agrada a Él.

«Jesús compara el Reino de Dios con un grano de mostaza. Es una semilla muy pequeña, y sin embargo se desarrolla tanto que se convierte en la más grande de todas las plantas del huerto: un crecimiento imprevisible, sorprendente. No es fácil para nosotros entrar en esta lógica de la imprevisibilidad de Dios y aceptarla en nuestra vida. Pero hoy el Señor nos exhorta a una actitud de fe que supera nuestros proyectos, nuestros cálculos, nuestras previsiones. Dios es siempre el Dios de las sorpresas. El Señor siempre nos sorprende. Es una invitación a abrirnos con más generosidad a los planes de Dios, tanto en el plano personal como en el comunitario. En nuestras comunidades es necesario poner atención en las pequeñas y grandes ocasiones de bien que el Señor nos ofrece, dejándonos implicar en sus dinámicas de amor, de acogida y de misericordia hacia todos. La autenticidad de la misión de la Iglesia no está dada por el éxito o por la gratificación de los resultados, sino por el ir adelante con la valentía de la confianza y la humildad del abandono en Dios».
(Ángelus de S.S. Francisco, 17 de junio de 2018).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Pedirle a Dios, delante del Santísimo, que me aumente la fe.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.





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