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4 de octubre de 2019

Reconocer los signos de Dios para actuar
Santo Evangelio según san Lucas 10, 13-16. Viernes XXVI del Tiempo Ordinario


Por: H. Pedro Cadena, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, que reconozca el don del que me haces parte y pueda seguir tu ejemplo de misión en salida, para comunicar tu mensaje a todas las personas con la que me encuentro.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 10, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo: “¡Ay de ti, ciudad de Corozaín! ¡Ay de ti, ciudad de Betsaida! Porque si en las ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran realizado los prodigios que se han hecho en ustedes, hace mucho tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de sayal y de ceniza. Por eso el día del juicio será menos severo para Tiro y Sidón que para ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿crees que serás encumbrada hasta el cielo? No. Serás precipitada en el abismo”.

Luego, Jesús dijo a sus discípulos: “El que los escucha a ustedes, a mí me escucha; el que los rechaza a ustedes, a mí me rechaza y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Para hacerle caso a los signos de los tiempos hay que saber discernir el significado de las cosas que pasan en nuestras vidas. El discernimiento es algo que se aprende con tiempo y la ayuda del Espíritu Santo. Él nos guía para saber qué es lo que se nos pide en cada momento. Dios actúa en nuestra vida y, si estamos muy ocupados en otras cosas menos importantes, pueda que pase de largo sin que nosotros nos demos cuenta; la memoria de las obras de Dios nos debe mover a reconocer el lugar que Él se merece porque, a través de sus acciones, nos habla de su poder que no es como el de un tirano que nos oprime, sino como el de un padre amoroso.

Cristo nos da el don de poder hablar en su nombre porque nos ha regalado el don de la filiación divina que nos hace partícipes de su ministerio; como tales, nos da la gracia de que, cuando la gente nos escuche, por decisión divina, pueda escuchar también a Cristo. Dios nos ha enviado para que podamos comunicar su mensaje y las personas que nos escuchen puedan reconocerlo, y no solo eso, sino que con nuestro comportamiento puedan glorificar a Dios, al igual que el santo de Asís que predicaba con sus palabras y sus obras.

Pidámosle a Dios que nos ilumine para reconocer su mano providente en nuestras vidas y, así, sepamos lo que debemos hacer para glorificar su nombre con nuestras obras.

«Es que es un no escuchar; literalmente se puede decir un “necio”, “no sé”, no escuchar. La incapacidad de escuchar esta Palabra: cuando la Palabra no entra, no la dejo entrar porque no la escucho. El insensato no escucha. Él cree que escucha, pero no escucha. Está a lo suyo, siempre. Y por esto la palabra de Dios no puede entrar en el corazón y no hay lugar para el amor. O al límite, y es este un caso bastante común, la palabra si entra, entra destilada, transformada por mi concepción de la realidad. Por lo tanto, los insensatos no saben escuchar. Y esta sordera los lleva a esa corrupción. No entra en la palabra de Dios, no hay lugar para el amor y, en definitiva, no hay lugar para la libertad. Y sobre este aspecto Pablo es claro: se convierten en esclavos».
(Homilía de S.S. Francisco, 17 de octubre de 2017, en santa Marta).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Rezar por la conversión de los pecadores.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.





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