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8 de septiembre de 2019

Mi cruz
Santo Evangelio según san Lucas 14, 25-33. Domingo XXIII del Tiempo Ordinario


Por: H. José Romero, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, ayúdame a seguirte cada día mejor, ayúdame a ser tu discípulo.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 14, 25-33

En aquel tiempo, caminaba con Jesús una gran muchedumbre y él, volviéndose a sus discípulos, les dijo: “Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.

Porque, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que, después de haber echado los cimientos, no pueda acabarla y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo: ‘Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar’.

¿O qué rey que va a combatir a otro rey, no se pone primero a considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle las condiciones de paz.

Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Desde que entré al noviciado buscando discernir sobre mi vocación al sacerdocio, hay una persona que no he vuelto a ver, mi mejor amiga. Hoy en día puedo decir que la extraño. Entrar al noviciado porque Cristo me llamó, provocó que renunciara, no solo a mis bienes materiales, sino también a mi familia, amistades y a mi mejor amiga.

Se podría decir que esa es mi cruz, que para seguir a Cristo debo renunciar a esos tiempos de convivencia con las personas que quiero. Lo que hace a Cristo mi Salvador es su cruz, su cruz es el instrumento que el Padre eligió para que su Hijo me salve, por lo tanto, la cruz de todo cristiano es el instrumento para salvarse, mi cruz me salvará, mi cruz es esa renuncia a mis seres queridos.

Cargar mi cruz, amar mi cruz es lo que me hace su discípulo; estar en el centro de formación es lo que me lleva a identificarme con Cristo. ¿Cuál es la cruz que tú debes cargar para seguir a Cristo? ¿Qué te está pidiendo el Padre para seguir a Cristo? ¿A qué te está llamando Dios? Porque solo cargando la cruz puedes estar con Cristo, solo siguiendo tu vocación personal puedes seguir a Cristo.

Es cierto que para seguir a Cristo tuve que dejar a muchas personas, pero todo amor exige sacrificios, sacrificios que no son estériles. porque amo y estoy seguro de que mi sacrificio es uno que dará frutos, tanto para las personas que amo como para mí. Sé que los veré algún día, que aprovecharemos todos los momentos no vividos, y solo espero que ellos vean en mí a un hombre enamorado que carga con amor su cruz, que vean a un discípulo de Cristo.

«Este será también el camino de los discípulos: ninguno llega a la vida eterna si no es siguiendo a Jesús, llevando la propia cruz en la vida terrenal. Cada uno de nosotros, tiene su propia cruz. El Señor nos hace ver el final de este recorrido que es la Resurrección, la belleza, llevando la propia cruz. Por lo tanto, la Transfiguración de Cristo nos muestra la prospectiva cristiana del sufrimiento. No es un sadomasoquismo el sufrimiento: es un pasaje necesario pero transitorio. El punto de llegada al que estamos llamados es luminoso como el rostro de Cristo transfigurado: en Él está la salvación, la beatitud, la luz, el amor de Dios sin límites. Mostrando así su gloria, Jesús nos asegura que la cruz, las pruebas, las dificultades con las que nos enfrentamos tienen su solución y quedan superadas en la Pascua».
(Homilía de S.S. Francisco, Ángelus, 17 de marzo de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Buscar, hoy, cómo puedo ser discípulo de Cristo y cómo puedo ayudar a los demás a ser discípulos de Cristo.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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