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No acumules bienes materiales
Porque es una realidad que algún día, a todos nos llegará la muerte, y con ella, el destino final que elegimos con la vida que llevamos.


Por: Mónica Muñoz | Fuente: Catholic.net



“Pues como te digo, fue, el hijo se aprovechó de los papás y les quitó su casita, mandándolos a vivir a un asilo. Por supuesto, los demás hijos pelearon para que se vendiera la pequeña propiedad y se repartiera el dinero en partes iguales, pero fue en vano, él traía un buen abogado y finalmente todos quedaron peleados, ¡ah!, pero ni creas que alguno se interesó por los padres, ¡tantos que eran! todos los abandonaron y murieron solos”.

Parece historia de telenovela, ¿verdad?, sin embargo, tristemente es un caso verídico. Y no dudo que muchos hemos sabido de sucesos similares, donde la manzana de la discordia es un bien o propiedad que los padres de familia han conseguido a base años de trabajo, sólo para que los hijos peleen entre ellos por la herencia que les tocará sin esfuerzo alguno. Situaciones muy penosas, ciertamente, porque el ser humano está programado para creer que el éxito en esta vida se consigue obteniendo dinero y bienestar material.

Indudablemente, los seres humanos tienen derecho a conseguir un patrimonio para asegurar su porvenir, tener una casita y todo lo que se requiere para vivir dignamente y cubrir sus necesidades adquiridos con su trabajo honrado es una manera de crecer y aplicar sus habilidades para dar a su familia un lugar donde cobijarse. Nadie puede impedirlo. Claro que habrá personas que puedan tener una mansión y algunas una humilde choza, no obstante, la diferencia la hará el sitio que ocupen los objetos en sus vidas.

Porque es una realidad que algún día, a todos nos llegará la muerte, y con ella, el destino final que elegimos con la vida que llevamos. Así que, si nos esmeramos en acumular cosas y para ello perdimos la salud y la oportunidad de estar con la familia y cultivar amistades, habremos desperdiciado nuestra existencia. No digo que no hemos de trabajar, más bien diría que debemos aprender a organizar nuestros gastos, tiempo y actividades para que todo nos rinda, enfocados, sobre todo, al beneficio familiar.

Un ejemplo sería llevar una lista de gastos necesarios, pensando en ahorrar algo, aunque sea poco, para invertirlo en lo que haga falta, como hacían nuestros abuelos, que tenían muchos hijos. Se organizaban de tal manera que una vez al año les compraban ropa y zapatos, que debían durarles hasta el siguiente año. Otra idea será organizar un menú semanal y enlistar los alimentos que se pueden comprar en el mercado o en el tianguis, resulta mucho más barato que ir al supermercado. Y muy importante: evitar los gastos hormiga, eso que se llevan gran parte de nuestro sueldo sin que lo sintamos.

Muestra de ello es el estudio que realizó la consultora Kantar World Panel sobre los gastos de los mexicanos, que reveló el sorprendente dato de que, hasta el 30 por ciento de lo que ganamos, se nos va en consumir botanas, ¡imagínense nada más!, si una persona gana 4 mil pesos al mes, estará gastando $1200 pesos nada más en frituras, y si aumentamos que miles de personas acompañan sus comidas con refresco, entenderemos por qué el dinero no nos alcanza. Como consecuencia, tenemos que buscar otras maneras de obtener ingresos extra para cubrir lo necesario al mes, así es que, no hay dinero que alcance, y eso que no estamos incluyendo los celulares, el servicio de cable e internet, etc. tantas cosas que en nada nos benefician pero que nos hacen desperdiciar nuestro dinero. Sólo preguntémonos: ¿qué pasaría si no compro tal o cual objeto o si cancelara algún servicio superfluo? Si no pasa nada, bien podemos prescindir de ellos.

Aprendamos a desprendernos de lo innecesario para concentrar nuestras fuerzas en lo importante: la familia y nuestras relaciones con las demás personas porque, todo lo material, se quedará aquí el día que seamos llamados por Dios a rendirle cuentas.

¡Que tengan una excelente semana!





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