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A una joven madre
Ser madre es algo que no se puede comparar con nada.


Por: María Luisa Martínez Robles | Fuente: Catholic.net



Ha pasado el tiempo, ese tiempo de salidas nocturnas sin hora de llegada, amigos y copas. Ahora niños, pañales y colegios… Tu vida ha quedado reducida a la hora del biberón y el jarabe para la tos, los amigos son los padres de tus hijos y las copas son las que ganen jugando al fútbol.

Ya no quieres trasnochar porque mañana a las ocho, como muy tarde, el despertador suena, sea sábado o domingo. Trasnochas, es cierto, pero porque mientras toma el biberón, echa los gases y le cambias el pañal, ya es la hora de la siguiente toma. No tienes tiempo para sentirte persona, tu parcela se reduce al mínimo. Careces de lo más esencial como mujer. Todo rápido, acelerado. No recuerdas cuando fue la última vez que cenaste en casa sin levantarte a poner el chupete, a dar un vaso de agua o a asegurar que no había lobos en la habitación. Tu vida ha cambiado mucho. Tus costumbres no son las mismas.

Esto solo es el aspecto físico, material, rutinario. Pero… ¿Hablamos de la responsabilidad de educar a tus hijos? ¿De la preocupación de ayudarles a ser buenas personas? No, no vamos a entrar en detalles porque no habría suficiente papel para ello.

Se consigue educar a los hijos, pero… ¿Cuál es la receta? Como en la cocina, también en esto tienes que poner tu toque especial, pero a grandes rasgos te diré que los ingredientes son: amor, constancia, dedicación, renunciar a ti mismo y el apoyo incondicional de su padre. No puedes bajar nunca la guardia. Tienes que estar alerta siempre. La responsabilidad no acaba nunca. Aunque sean mayores, aunque sean independientes, siguen necesitándote, tienes que estar dispuesta, atenta a sus necesidades.

Esto no lo tomes como una carga, es un privilegio. Ser madre es algo que no se puede comparar con nada. Eres capaz de modelar en tu corazón un alma y en tus entrañas una vida.

No renuncies a esto por comodidad o pereza. La recompensa la tendrás el día que veas el reflejo de ti, en tus hijos y luego en tus nietos.

Aunque a veces pienses que no puedes más, estés cansada, desanimada y no puedas conciliar el sueño, sigue, con ánimo, con fuerza.

Merece la pena, te lo digo por experiencia. Fíjate en la Madre por excelencia, María. Ella supo aceptar, cuidar y esperar. Pídele que te enseña a ser como Ella.





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